La Derecha

Uriel Pérez García

En los últimos años ha recobrado especial importancia en el lenguaje político los conceptos de Derecha e Izquierda, asociando el primero al conservadurismo, la desigualdad, la intolerancia; mientras que el segundo se asume como la corriente ideológica progresista, que promueve la igualdad y un nuevo orden político y económico.

En ambos casos los conceptos tienen su origen en el parlamento europeo, concretamente en la Asamblea Constituyente posterior a la Revolución Francesa donde las facciones políticas se distribuían en el recinto legislativo de acuerdo a su ideología o perspectiva respecto al rumbo que deberían tomar las decisiones, por lo que dicha distribución permitía diferenciar el posicionamiento que se asumía por parte de un grupo y otro, creándose esta dicotomía entre los grupos de la Izquierda y los de la Derecha.

En el caso de México y luego del periodo de inestabilidad política y violencia generado por la Revolución Mexicana la diferenciación entre estas posiciones ideológicas se hizo visible luego de las políticas impulsadas por el presidente Lázaro Cárdenas, quien adoptó modelos de decisión de tinte socialista que dieron origen a una oposición de derecha, con influencia de acontecimientos internacionales como el fortalecimiento del partido Nazi en Alemania, así como el fascismo italiano y su oposición ante el socialismo que obtuvo victoria años antes en Rusia.

En este contexto, en 1939 surge el PAN como un partido político de derecha conformado por actores políticos que en su momento manifestaron su rechazo a la tesis marxista de la lucha de clases, pero que se consolidó gracias a su expresión abierta como partido de oposición, crítico del gobierno y que impulsó desde su propia visión la apertura democrática, más  por una cuestión circunstancial que por convicción y con el apoyo de grupos radicales al interior, pero minoritarios.

De este modo en el año 2000 dicho partido encabezó la primera alternancia en el gobierno en México, lo que sin duda significó un triunfo que no precisamente se manifestó en una ideología radical, sino que por el contrario comenzó a desdibujarse con alianzas pragmáticas en aras de la consecución y de conservar el poder político en diversas latitudes del país.

No obstante, en el escenario actual, dicho partido al igual que el resto de quienes debieran constituirse en oposición, no han encontrado la brújula hacia el logro de este objetivo, sino que por el contrario realizan maniobras poco acertadas que los alejan cada vez más de este fin, máxime cuando nos situamos en un contexto de plena crisis de representatividad y legitimidad del sistema de partidos.

La reunión que derivó en la firma de la llamada “Carta de Madrid” como una manifestación de defensa hacia el “avance del comunismo” y que estuvo acompañada de la visita de Santiago Abascal dirigente del partido de tinte fascista llamado Vox, además de representar un abierto desafío hacia el actual gobierno identificado con la izquierda en México, ha abierto la puerta hacia el pasado más antidemocrático en distintas latitudes del mundo.

Uno de los principales elementos que se atribuyen a la crisis de legitimidad de los partidos políticos, se encuentra precisamente en el desmoronamiento ideológico que se ha ido desdibujando a lo largo de los años para dar paso al pragmatismo político manifestado en alianzas a contrasentido en la búsqueda del poder, soslayando los principios o doctrina que debiera abanderar cada opción en la diversidad de intereses y opiniones.

No obstante el PAN, o por lo menos una parte de este partido, ha marcado la diferencia retomando el carácter conservador, posicionándose en la extrema derecha con la alianza de facto (puesto que en términos legales no sería posible) con un partido español situado en un contexto ideológico asociado a la dictadura militar y católica que caracterizó al franquismo en ese país, donde se persiguió cualquier tipo de ideología de izquierda, llámese comunistas como socialistas.

En este contexto, habrá que estar atentos a las maniobras que emprendan desde las alas menos radicales de dicho partido, para intentar posicionarse nuevamente como la opción política que en su momento promovió la transición democrática en México y no terminar de encarnar a los enemigos discursivos esbozados como los neoliberales y conservadores del pasado, ya que por lo menos en términos electorales no les será tan redituable, por lo que una vez más los detractores al gobierno en turno han equivocado el rumbo.