El periodismo de investigación en México es jugarte la vida: Lydia Cacho

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Por Rodrigo Islas Brito

“Para hacer buen periodismo de investigación en el que puedas demostrar los vínculos entre la política y el crimen organizado, te juegas la vida, y te la juegas para el resto de tu vida”.

Lydia Cacho sabe que los enemigos que se ganó con Los Demonios de Edén siguen vigentes. Cuenta que cada vez que recibe hostigamiento u amenazas este cada vez es más violento.

En un México que ocupa ya el primer lugar mundial en pornografía infantil y adolescente con un ingreso por año de 32 mil millones de dólares, Cacho considera que su libro insignia no lo hubieran publicado hace veinte años.

En el libro Cacho denunció el caso de la trata de Jean Succar Kuri y la trata de 200 niñas y niños, registrada en su natal Quintana Roo, lo que le costó que en el 2006 el gober precioso de Puebla, Mario Marín, la mandara a arrestar , secuestrar y encerrar en una celda por petición de su amigote Kamel Nacif, socio de negocios de Succar, quien en pago le prometió “una botellita del mejor coñac”.

Esta última frase es clave según algunas aseveraciones para referirse a una prostituta menor de edad.

“Por lo menos no con esos detalles y esos nombres. Mi editores hubieran pedido que quitara el nombre de Emilio Gamboa Patrón, símbolo del priismo perenne”.

Cacho ha regresado a comentar la redición de su libro, pero antes comenta la ciberpolicía de Seguridad Publica señala que hoy el 77 por ciento de la víctimas son niñas entre cinco y siete años.

Aunque apunta que cada vez se popularizas mas la masculinización de la trata de personas para su explotación comercial y sexual.

Asegura que en los últimos diez años la prensa se ha feminizado. “Cuando recorro el país los directores de los periódicos se me acercan y me dicen, mira Lydia en nuestro periódico hay más mujeres que hombres, como si fuera yo la policía feminista que está ahí para regañarlos”.

“Ha traído una nueva manera de ver las realidades sociales, no estoy diciendo que las mujeres somos siempre más sensibles que los hombres, pero si tenemos otra mirada para ver por ejemplo el contexto de lo domestico”.

Considera que la señalada feminización ha colaborado a que se deje de explorar de manera menos sexista la violencia dentro de la pareja”.

Comenta que en su reedición de Demonios del Edén hizo dos capítulos más para ver a nueve años que ha sucedido con las víctimas, que ha sucedido como país, si hemos cambiado o no.

Precisa que por lo menos el discurso ha cambiado en el sentido de que hoy ya muy pocos se atreven a criminalizar a las niñas, niños o jóvenes víctimas de trata de blancas y explotación sexual.

Recuerda que su vida cambio diametralmente a raíz del libro. “Cuando fui legalmente secuestrada por la justicia de Puebla yo ya tenía escoltas federales. Llevaba dos años con una protección federal y una camioneta blindada. Pues ya había sufrido atentados y amenazas de muerte de todo tipo”.

“Un sicario que estaba en la cárcel le dijo al director del cerezo de Cancún que le habían pagado veinte mil pesos para matarme”.

Cuenta que hoy se ha vuelto experta en el tema de seguridad para periodistas, yendo de estado en estado, compartiendo con colegas periodistas técnicas de investigación para el contexto de guerra que se vive en México.

Lydia Cacho relata que hace siete años cuando empezó a investigar para su libro Esclava de poder, y acceder a la verdad sobre las redes de tratantes de blancas, hizo sus mapas para poder entender quienes eran los tratantes, cómo funcionan las redes y como llevan a las mujeres de un lugar a otro.

Como viajar con seguridad. Apunta que a un amigo periodista del New York Times que había hecho varias investigaciones sobre trata de personas en el sureste asiático, le pregunto cuál era su técnica para infiltrarse.

“Ninguna, soy hombre, me meto a un prostíbulo, están las niñas y ahí las pido”.

Ahí comprendió que en su viaje de reportera investigadora por cinco continentes, ella misma era una víctima potencial para sus perseguidos e investigados.

Comenta que en México los reporteros y periodistas tienen que mentalizarse ya como corresponsales de guerra, pues no están en la piel de un reportero gringo del tipo voy a Siria y después regreso a casa.

“Tenemos que hacer todo lo posible para volver a casa en buenas condiciones”.

“Lo que me pasa es solo el reflejo de lo que le pasa a muchos periodistas en nuestro país”.

Dice Cacho solo para comentar que esta fuera de Quintana Roo por las amenazas del gobernador Roberto Borge Angulo y su gobierno.

“¿Qué tanta diferencia podemos encontrar entre la libertad de información y la libertad de prensa en México?”.

“No estamos como periodistas para ver el futuro pero si para trata de comprender los hechos presentes”.

Cacho señala que hoy hay una fractura en la libertad de información, con muchos medios electrónicos decidiendo” que hay cosas que no debemos informar”. Y con los políticos ellos dan su propia información.

“Les ponemos enfrente la grabadora. Los políticos han aprendido a vivir su discurso hoy enfrentamos la mercadotecnia de la política y no sus hechos. Nuestro propósito como periodistas es desentrañar sus discursos y llegar al fondo del asunto”.

La periodista considera que libertad para imprimir no significa libertad para informar. “La clase política que permea en todo el país no es solo ya la mayor responsable del lavado de dinero”.

Mira al hoy prófugo Joaquín “el Chapo” Guzmán como una especie de presidente alterno que sostiene la economía no oficial del país.

“Fuera de él tenemos a una clase política profundamente corrupta, increíblemente violenta y que ha aprendido a usar las redes sociales para hostigar y tratar de desacreditar”.

Lydia Cacho dice que los riesgos han aumentado en el país a la hora de ejercer el periodismo, pues según un informe de Artículo 19, una buena parte de las agresiones vienen hoy no solo del crimen organizado que generalmente asesina y no se toca el corazón.

“Sino por gobernadores, alcaldes, militares y de policías estatales y municipales”.

Agrega además que hoy ha renunciado a sus escoltas, pues tenía por parte de estas un nivel de espionaje brutal.

“No me podía mover, además de ocultarme de los criminales, me tenía que ocultar de las escoltas para hacer mi trabajo”.

Resalta que se debe señalar que hoy existe una teatralización de la seguridad para periodistas en el país, cuestión que se debe precisar para crear instrumentos que realmente funcionen.

Cacho también hablo del caso de Rosa del Carmen Verduzco, alias Mamá Rosa, directora y fundadora de una casa hogar, quien fue detenida el año pasado como principal responsable de la explotación y los abusos sexuales a los que eran sometidos decenas de menores en Zamora, Michoacán, y cuya integridad la periodista defendió encarecidamente en el primer momento de su detención.

“Quien dice que es infalible o trabaja en Televisa o tiene un ego muy grande”.

Lydia cuenta conoció el refugio de Mamá Rosa años antes de su arresto, con el antecedente de que la propia Cacho fundó también hace quince años un refugio para niñas en Quintana Roo.

“Tengo un ojo bastante entrenado paras esas cosas. Mamá Rosa me impresionó muchísimo, no solamente las condiciones en la que estaba el refugio, sino sobre todo por las condiciones tan adversas en las que estaba funcionando”.

Personaje polémico, especie de monja civil, convencida y obsesionada por tener que rescatar a todos los niños y niñas, Cacho cuenta de Mamá Rosa que lo que si le consta es que rescató menores que habían sido secuestrados para la trata laboral en Michoacán y Jalisco.

“Se había metido en las entrañas de las violaciones de derechos humanos a niños y adolescentes. Lo que hice fue publicar cuando la arrestaron una columna de opinión en El Universal, donde señale que yo en la casa de Mamá Rosa vi esto”.

Cacho asegura que le ha dado seguimiento a más de un año del arresto y posterior puesta en libertad de Mamá Rosa y que los niños y niñas de los que supuestamente Mamá Rosa y los suyos abusaron ya le fueron devueltos a su hospicio, hoy bajo el cuidado de personas que trabajaron con Rosa del Carmen Verduzco.

“El estado ha hecho todo lo posible para evitar que se regulen adecuadamente todos los refugios de menores. La Ley de protección a derechos de niñas, niños y adolescentes fue un mamometro espantoso”

“Mamá rosa ya no está operando, sino gente que trabajaba con ella. Ese hospicio sigue operando más o menos en las mismas condiciones que antes, con niños que el DIF ya no quiso recibir”.

“Ya hay regla internacionales que nos dicen cuantos niños pueden tener los refugios para niños y para mujeres maltratadas”.

“Humillaron a las víctimas, muchos medios fueron a entrevistar a los niños y después no los volvieron a buscar”.

“Fue un fracaso para la prensa el no haber investigado que estaba sucediendo con los futuros de esas niños y niños, que al final es el propósito del trabajo de reportero.

Cacho mira a Mamá Rosa como un personaje vinculado con políticos y empresarios que querían dejar encerrados a los chicos del hospicio.

“Hoy nadie está escribiendo sobre que sucedió con la vida de estos chicos”.

Aunque Lydia Cacho tal vez finalmente termine por hacerlo.