Fogonero: La plática que nunca tuve con Canek Sánchez Guevara

Conocí la leyenda de Canek Sánchez Guevara antes de conocerlo a él, era el 2000 o 2001 y había escuchado que en Oaxaca vivía el nieto del Che Guevara, que ahí, en los lugares donde me tomaba mis chelas también rondaba el ADN de uno de los mitos revolucionarios, ideológicos, guerrilleros y sexuales más importantes del siglo veinte.

Como nunca fui ferviente admirador del socialismo, ni de ningún tipo de ideología que pretendiera definir la verdad del mundo, ni de caudillos porteños antiimperialistas de fotogenia romantizada, la noticia nunca me entusiasmo demasiado, al contrario, provocó en mi la incredulidad del imberbe sabelotodo.

“Dicen que por ahí anda el güey que dice que es el nieto del Che” recuerdo que le comente a un amigo en un coctel del cine club el Pochote. Cuando mi camarada me hizo ver que alguien me estaba observando a mis espaldas, voltee sólo para encontrarme con los ojos de pistola de Canek mirándome desde su casi uno noventa de estatura.

Me arrugué y no corrí porque no pude, Canek me perdonó la vida y se perdió de vista. Meses después unos amigos me llevaron a un reventón al departamento de Cynthia Martínez. Fue en la misma puerta cuando me entere que Canek era su pareja, trague saliva y me prepare para lo peor.

Canek abrió la puerta y de lo que vino después solo diré que la fiesta se puso buena, aunque por mi temor del primer encuentro me mantuve alejado de mi anfitrión. Más de diez años después recibí con sorpresa una solicitud de amistad de Canek en el Facebook, “entonces no me alucina”, pensé.

Chateamos un poco sobre nimiedades, él me preguntaba cosas y mis respuestas lo hacían reír. Un día Canek me dijo que estaría unos días en Oaxaca y que deberíamos vernos, incluso me habló por teléfono ya que estaba aquí y me dijo que me veía en la casa de su gran amigo, el pintor Hugo Vélez. Yo nunca llegue aquella tarde, y lo peor es que no me acuerdo ni porque.

Hoy Canek Sánchez Guevara ya no está en este mundo, y personas de México, Cuba, Brasil, Portugal y Francia no terminan todavía de lamentarlo. Hace unas semanas una operación del corazón le quitó la vida a los cuarenta años.

Lo último que supe de él fue una entrevista que le hicieron en un portal de internet donde relataba pasajes de su vida, de su niñez a salto de mata por variadas ciudades europeas con padres ideológicamente muy comprometidos, de su paso por diversas escuelas donde su calidad de nieto de un mito genial le reportó más de dos o tres peleas, de su madre Hilda, fruto de la relación de Ernesto Guevara con la peruana Hilda Gadea, quien murió antes de cumplir los cuarenta, y de quien su primo Martin Guevara publicó que tanto ella como Canek “vivieron a tope y tuvieron los huevos necesarios para hacer lo que creían correcto. Fueron libres, valientes y dañados por este mundo, tocados en el costado, pero no hundidos”.

Canek, el mismo al que el semanario Proceso calificara como el nieto incómodo del Che Guevara, y sobre el que ante la pregunta de qué pensaría actualmente su abuelo sobre la Revolución Cubana si no hubiera sido ejecutado en 1967 por “un soldado boliviano a la que le temblaban las piernas”, respondió claro, diáfano, sincero, rebelde ante cualquier cosa que oliera a herencia adoctrinada.

“Imaginar cómo reaccionaría un hombre al que no conocí me resulta imposible. Puedo imaginar qué pensaría un amigo ante una situación dada, pero no un desconocido”.

Crítico con la revolución del Che, de quien su tesis de la construcción del Hombre Nuevo refuta con un planteamiento lógico que marca que el “hombre no es un edificio que se construye de acuerdo a un plano arquitectónico” ni es la arcilla maleable de la que habló su abuelo.

“Los periodistas me buscan porque soy nieto del Che, mi amigos me buscan porque soy Canek” decía Sánchez Guevara en un artículo donde se daba cuenta del plan de los hijos del Ernesto Guevara para ponerle copyright a la foto de Alberto Korda y darle todas las regalías al pueblo cubano, o de otra de sus nietas que ahora era novia de Russell Brand y posaba semidesnuda en fotos para calendario.

Palabras que se pueden comprobar en la página de facebook de Canek, donde los mensajes vertidos desde distintos países y diferentes idiomas dan cuenta de su “alma transparente e irreverente, de su ser crítico que lo hacía ver como un gato curioso, observador y ejemplo de libertad”.

Como “un videasta, cibernauta, hacker, caminador como pocos, gran melómano”. Como un ciudadano del mundo. Como el que “tampoco sabía vivir la vida a medias”, como el que llegó demasiado pronto y demasiado vivo”. Como el que se quedó “en la memoria, conversando fumando y bebiendo mate bajo el cielo estrellado de la costa ecuatoriana”. Como aquel flacucho de 17 años que un video grabado en la Habana declaraba que el metal no podía existir en Cuba porque “Cuba era un país muy atrasado” (y de la que confesó décadas después que amó y odió “como solo se puede amar y odiar algo valioso, algo que es parte fundamental de uno”).

Del que su amigo Hugo Velez recordó al calor de la tristeza,” siempre fue crítico del uso del dinero, de los meta discursos, fue defensor de la pluralidad cultural y la riqueza de la diversidad. En el 2005 se fue con Noemí a Marsella. Antes, un tanto preocupado, me dijo: -no sé de qué voy a vivir en Europa. Varias veces le había comentado que si cualquier hijo de vecino podía comerciar y lucrar con la imagen del Che, por qué no hacía el lo mismo pero a niveles más intelectuales, en los medios correctos.

“Tengo el gusto de que siguió mi consejo. Con tanto éxito que terminó dando charlas y conferencias en Madrid, Barcelona. Mucho tiempo después, me dio las gracias, -pinche Huguito tenías razón… hasta fui invitado de honor a la fundación de un club de fans del Che, en Valencia”.

Con un libro en proceso de edición que por fin dará cuenta de los alcances narrativos que ya se pueden atestiguar en su blog de sus Diarios sin motocicleta, Canek tenía razón, todos los que lo conocieron (o los que no pudimos conocerlo porque fuimos muy temerosos, o muy idiotas, o muy creídos de que su condición de nieto mayor del rostro más reproducido en playeras, botellas, grafitis y lo que este por aparecer, en la historia de la humanidad, era lo que lo definía).

“No temo al infierno sino al invierno eterno y la única forma de subversión que contemplo en estos días es el terrorismo climático”.

“Todo es tremendamente bello allá afuera, con tanto blanco, con esa bruma impenetrable que vuelve la vida una fantasmagoría hermosa, fría y… Fría.”

Canek era Canek, un sol que revolvía la contradicción de sus entrañas con un frío que se volvía calor para quien lo recibía.

Yo por mi parte, nunca dejaré de lamentarme el no haber llegado aquella tarde.