Isonomía: El nuevo gobierno del estado

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Alberto Alonso Criollo

Incluidas  las convicciones ideológicas o doctrinarias, el trabajo de gobierno es un ejercicio técnico, político y  administrativo que se opera en un entramado estructural concreto y que exige destreza, conocimientos, experiencia, estrategia y voluntad por parte de los tomadores de decisiones.  Hay una gran incertidumbre sobre las posibilidades de éxito del nuevo gobierno del estado que iniciará el próximo mes de diciembre.

En la óptica del modelo de Planificación Estratégica Situacional (Mathus 1978), el Triangulo de gobierno integra variables o instancias complejas y determinantes para el éxito de un ejercicio gubernamental. Simplificado, el triángulo aludido,  integra un Proyecto de Gobierno, en un entorno de distinto grado de Gobernabilidad que se articula en una determinada Capacidad de Gobierno.

 

 Desde este enfoque  puede verse como la calidad del proyecto de gobierno define prioridades estratégicas que se expresan de modo formal en un plan determinado, pero que de modo real puede priorizar objetivos no institucionales y hasta puramente personales. Ahí se plasma la misión y la visión real que anima la voluntad del dirigente y que no siempre coincide con el discurso formal.

 

En el caso del nuevo gobierno estatal, en una primera instancia podría suponerse que la adhesión al programa nacional de la 4T, genera un gran contenido que garantiza la calidad del Proyecto. Sin embargo, esto había que tomarlo con reserva porque la realidad local exige particularidades o adecuaciones   que no se ven claramente en la oferta programática del nuevo gobierno. 

 

Igual de importante, la instancia o el nivel de la gobernabilidad que integra proyectos diversos que frecuentemente constriñen, compiten o hasta se oponen a la voluntad del gobernante y que integran una maraña de intereses con estrategias y objetivos concretos.  Obvio que un amplio grado  de gobernabilidad, implica mayor margen de posibilidades de éxito  del Proyecto de Gobierno.

 

En la variable de gobernabilidad, el nuevo gobierno habrá de operar en un escenario politizado en extremo y  de alta diferenciación que opera en un entramado plagado de proyectos encontrados, con multitud de poderes fácticos y repertorios de acción normalizados en el sistema de dominio clientelar  priísta que no será fácil cambiar. 

 

 Por lo demás, la gran base electoral con que se ganó la elección, habrá de sufrir múltiples fisuras si no se pone en práctica una gran estrategia incluyente que por lo pronto se ve lejana. La alta politicidad del sistema reducirá espacios en la gobernabilidad. En este caso la perspectiva cerrada o patrimonialista del poder empujará tensiones en el sistema. 

 

En la tercera instancia,  la capacidad de gobierno da cuenta de la pericia,  los conocimientos, capacidades y experiencias de los encargados para  desplegar el ejercicio integral  de gobierno en el ámbito técnico y político.  Aquí se sintetizan los distintos pesos del triangulo de gobierno que se manifiestan en la acción concreta en el entorno de escenarios complejos, contradictorios y hasta volátiles. 

 

 Es en este nivel es en donde aparecen mayores grados de incertidumbre. La nueva generación de liderazgos que asciende y que  ahora tomarán decisiones de gobierno,  han demostrado que son  muy duchos en  las artes de la política pero que no cuentan con  tanta experiencia en materia de gobierno. 

 

Tal parece que ahí los riesgos son enormes porque no aparecen señales claras  de que  se avanza en la configuración del proyecto transicioncita que Oaxaca necesita. NI siquiera se ha tomado la iniciativa de convocar de forma pública a grupos de reflexión que ayuden a configurar el nuevo modelo de gobierno que acredite la voluntad de cambio.  ¿O usted que opina?