María Sabina sobrevive en Oaxaca

María Sabina sobrevive en lo alto de la sierra mazateca de Oaxaca, en la neblina que se mueve lenta entre las laderas de las montañas, en el olor a bosque de Huautla de Jiménez, el pueblo que el mundo conoció gracias a ella.

Incluso en la entrada, donde está uno de esos clásicos letreros de colores con el nombre del lugar para que los turistas se tomen la foto, su imagen da la bienvenida a todos los que buscan respuestas.
La mujer espíritu, chamana, madre y abuela, la de los hongos llamados alucinógenos que su pueblo usó por muchos años para curar alma y cuerpo.

“Lo hacían por necesidades, porque no contaban con dinero para ir al hospital o no había farmacias, no había hospitales”, dice su bisnieto Anselmo García Martínez.

Y aunque las condiciones de vida han cambiado en algo, esa zona del país habitada por las comunidades mixteca, mazateca y náhuatl, sigue siendo un referente de humildad que contrasta con su riqueza cultural.

María Sabina
“Me parece le dieron la categoría de Pueblo Mágico por su cuestión de cultura y gastronomía, porque si vemos de imagen urbana…”, comenta Martín Aguilar Mondragón, que tiene 30 años viviendo allí.

Y hasta ese lugar siguen yendo hombres y mujeres para conocer algo de la medicina tradicional, para comer los “niños santos”, como llamaba María Sabina a los hongos.
La misma Secretaría de Turismo del gobierno federal, en su portal para promover internacionalmente este país promueve al destino junto al nombre e imagen de quien llama “la curandera más famosa en la historia mexicana”.

Pero este mes de noviembre fue especial, y nada tiene que ver con la temporada de hongos que se extiende entre junio y agosto.

Su tumba en el panteón municipal estuvo acompañada con motivo del Día de los fieles difuntos, y además el pasado 22 de noviembre se cumplieron 34 años de su último viaje a la tierra de los muertos, del que esta vez no volvió.


Cerca del terreno de la colonia El fortín donde la sabia vivió hasta 1985, sus nietos y sus bisnietos hablan sobre su significado, su influencia y su inmortalidad.

Para esto último abona en algo el museo inaugurado en 2014, donde hay desde algunos de los huipiles que María Sabina vistió hasta objetos que usó en su vida cotidiana.


Su bisnieto Anselmo García, y su nieto Magdaleno García Martínez, la recuerdan alegre y trabajadora. A veces vendiendo comida en la carretera, otras vendiendo leña y unas más bordando.

Porque a pesar de haber sido visitada por músicos, políticos, actores y otros personajes públicos y adinerados, el dinero en abundancia nunca estuvo con ella.

Lo cuenta el documental ‘María Sabina, mujer espíritu’, que en 1979 hizo sobre su vida diaria y sus orígenes el multigalardonado Nicolás Echeverría.

“Mi hermana Mariana y yo fuimos las dos únicas hijas de nuestros padres. Sufrimos mucho, porque no teníamos nada, solo hambre, solo frío. Creo que nuestra voluntad por vivir era muy grande. Más grande, más grande que la voluntad de muchos hombres. La voluntad de vivir nos mantenía luchando día con día para finalmente conseguir algún bocado”.

Las historias y los nombres de visitantes famosos corren de boca en boca, pero como es sabido, todo empezó con el estudioso Robert Gordon Wasson, que acudió a una “velada” con hongos en 1955.

Anselmo García recuerda que fue cuando el autor de “La búsqueda de Perséfone: Los enteógenos y los orígenes de la religión”, regresó para documentar esas ceremonias, que llegó el mar de curiosos de todos lados del mundo.

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“Ellos no sabían que era algo respetuoso, a lo mejor ellos lo tomaron a su manera”, comenta el bisnieto entrando a un tema delicado.

Porque entre las múltiples lecturas que hay en la red sobre María Sabina, las más y las menos documentadas, existan contradicciones sobre lo que implicó para la misma chamana abrir al mundo esos conocimientos milenarios.


El investigador, en ‘María Sabina y los hongos’, admite implícitamente que registró todo sin permiso, y aunque asegura que ella nunca le reclamó, inmediatamente después la cita.

“Pero no sin angustia leo sus palabras: Antes de Wasson yo sentía que los hongos santos me elevaban. Ya no lo siento así… Si Cayetano no hubiera traído a los extranjeros, los honguitos conservarían su poder… los honguitos perdieron su pureza. Perdieron su fuerza. Fueron profanados. De ahora en adelante los honguitos ya no servirán. No tiene remedio”, escribe.


Hoy sus familiares siguen trabajando con medicina tradicional, y mantienen como pueden el modesto museo en esa tierra en la que todavía se concentra mucha de la sabiduría antigua y una manera distinta de ver el mundo.

Con información de El Sol de Tijuana