Sobre si el plagio es una falta o una costumbre, el debate de la semana en México

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Rodrigo Islas Brito/RIOaxaca.

Oaxaca de Juárez. Hoy el debate público en México parece irse sobre las propiedades y costumbres de la transa. Después de que la periodista Carmen Aristegui hiciera público, con una expectativa anunciada de un día de anticipación, que el presidente de México Enrique Peña Nieto plagió 197 párrafos de su tesis de licenciatura, una cascada de comentarios a favor y en contra se han dejado sentir en las redes sociales y el clamor popular apuntando unos hacia la inutilidad de escandalizarse de algo que todo el mundo hace, y otros de que el no escandalizarse de eso es ya sinónimo inequívoco de una podredumbre social añeja y más que sostenido en el mero centro de la sangrante idiosincrasia mexicana.

“Aristegui, me gusta tu trabajo, te admiro, pero la cagaste. En este país robar y, como se dice elegantemente, plagiar, son cosas de todos los días. Nada cambiará hasta que tú y yo, hasta que cada uno, cada  ser humano vuelva a la fuente original: el animal, más sensible y sensato que la cagada en que nos hemos convertido”.

Así de metafísico sonaba un caricaturista político usuario de red social al calificar la nueva exclusiva aristeguiniana, a la que admiraba pero no hasta el punto de aplaudirla por señalar lo evidente. Pues como lo mencionó otro usuario de red pública,  psicólogo social, “si el presidente dejó en claro desde el principio de su elección que nunca había leído un libro, era obvio que mucho menos pudo escribir su tesis sin copiarla.

Otras opiniones más extremas sobre una supuesta farsa de la revelación del fraude académico presidencial fueron vertidas por el articulista Federico Arreola, quien usando una analogía dijo que el anuncio previo sobre la noticia de Aristegui fue como si “las montañas fueran a dar a luz algo terrible y todo el mundo estaba asustado. Pero que lo único que al final parieron fue un insignificante ratón”.

Arreola fue más allá citando el hashtag de redes sociales “#Nomamar”, pues en su opinión “la verdad es que la revelación de Aristegui quedó en pura vacilada”.

“Pues si acaso lo único que demuestra Carmen Aristegui es que EPN leyó mucho más de tres libros para hacer su tesis de licenciatura.Ojalá la respetada señora Aristegui se olvide de sus obsesiones contra Peña Nieto y vuelva ya a la seriedad periodística”.

Otros no fueron tan permisivos con el primer mandatario, como el historiador Enrique Krauze, uno de los autores plagiados de por Peña Nieto, quien con dureza, espetó que el accionar académico del hoy presidente “es inadmisible e irresponsable”.

Dijo que “se trata, en efecto, de un trabajo hecho con irresponsabilidad académica, en el que se entreveran líneas y páginas extraídas de autores diversos”. El director de Editorial Clio aseveró que “es fundamental el escrutinio biográfico de quienes detentan el poder así como de quienes aspiran a detentarlo”.

Respaldando así el trabajo periodístico de Aristegui en un artículo publicado en la revista Letras Libres que este “caso confirma un axioma que todos los políticos deben recordar: su biografía, aún la más remota, no pasará desapercibida. La verdad, tarde o temprano, se abre paso”.

Sobre la revelación de plagió también se ha dicho hasta ahora en redes sociales  que “no aporta nada”, “que nada tiene de novedoso gritarle tramposo a un tramposo”, “que esto fue como descubrir una gripa en un cuerpo canceroso”.

Mientras la noticia del plagio (quien para muchos mexicanos en palabras de Arturo de Córdova, “no tiene la menor importancia”) fue replicada en varios medios importantes del mundo como  New York Times, New York Post, Univision News, TheIndependent, BBC News, TheGuardian, Forbes, Daily Mail, TheIndian Express, TIME, Libération, Channel News Asia, Deutsche Welle, FoxNews Latino y VICE NEWS

Destacando el inglésTheGuardian, quien después de haber hecho pública la adquisición de un  departamento de lujo en Miami, Florida, de la primera dama Angélica Rivera, nuevamente en circunstancias poco claras, parece que ya agarró marcaje personal sobre la aparentemente incombustible falta de transparencia de la maltrecha figura presidencial.

De la cual su oficina de presidencia explicó el hurto como una “cuestión de estilo”, su secretario de educación pública, Aurelio Nuño, dijo que “había cosas más importantes”, y el asesor de tesis de hace 25 años del presidente, Eduardo Guerrero Martínez, hoy magistrado del poder judicial de la Ciudad de México, adjudicó todo el garlito a que la imprenta no incluyó las comillas al momento de imprimir la tesis.

Estudiantes de maestrías y doctorados, catedráticos de los mismos o exbecarios o del Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología (CONACYT) inundaban las redes sociales con memes del tipo “me sorprendí cuando descubrieron al presidente por plagiar su tesis, sobre todos porque los asesores de la mía nunca la leyeron”.

Esta broma al parecer es una máxima seria en el mundo académico e investigativo de México, como lo cuenta el artista plástico Hugo Castellanos, quien cita que hace unos doce años los sinodales de la presentación de su tesis en la UNAM le preguntaron por datos que venían incluidos en la misma tesis.

“Les respondí, me dijeron que todo lo veían muy bien  y todo en santa paz. Yo sabía que no habían leído ni una coma de las tesis, ellos sabían que yo sabía. Yo sabía que ellos sabían que yo sabía. Pero ninguno dijo nada, solo nos desembarazamos del trámite y pasamos a los siguiente”.

El relato de Castellanos puede encontrarse en otros relatos parecidos de red social, donde se habla de que hipocresías y golpes de pecho aparte, en la academia mexicana existe ya una cierta “cultura del plagio”.

Sobre eso, la estudiante de doctorado y catedrática de preparatoria, Paola Roa considera que hoy “muchas personas roban y pegan líneas sin dar crédito”

Pero aclara que en su opinión ese “no es un comportamiento que se pueda generalizar, al menos hasta donde sabemos. Decir que es cultural se presta a asegurar  que esto es normal,  justificable e innecesario de cambiar”.

La catedrática recuerda que el mismo Enrique Peña Nieto dijo en alguna ocasión que la corrupción es cultural en México.

Roa mira como lógica esta muestra de lo que ella podría llamar “cinismo” dentro del ámbito académico y de investigación, resalta los numerosos escándalos de plagio literario e investigativo surgidos en México en los últimos dos años, donde investigadores y escritores han sido puestos en evidencia en hurtos completos de capítulos y conceptos enteros de otras publicaciones.

“Se entiende en un contexto nacional conun rigor académico que hoy premia lo cuantitativo sobre lo cualitativo, con lo cual facilita y hasta incentiva el plagio”.

La antropóloga hace referencia a que hoy los parámetros para investigadores y profesionales  adscritos y becarios del  CONACYT, premian económicamente sobre todas las cosas el número de publicaciones que un becario pueda lograr más que la calidad o trascendencia de las mismas.

“Lo que a mi sorprende es que se le quiera dar tan importancia a este asunto del plagio del presidente como si fuera algo que la gente va a estar recordando en quince días”.

Comenta Juan Carlos Ayala, diseñador gráfico y pequeño empresario, mientras lo escucha a unos centímetros el reportero Roberto Lavariega.

“Si ya ni se acuerdan de los 43 desaparecidos de Iguala, ni del pobre chavo al que le arrancaron de un tajo la cara cuando los desaparecieron , ni se van a acordar de lo de Nochixtlán, ni se acuerdan ya de lo de Tlatlaya, ni de los no sé cuántos civiles ejecutados y desaparecidos por el narco en San Fernando. ¿Se van acordar de esto?, ¿de un copy paste que a larga todo el mundo hace?

Lavariega por su parte está parcialmente de acuerdo con su compañero, dice que en un país moralmente cooptado como el México actual, el comprobar que su presidente es un tramposo se inscribe en su medianía de la nada.

“La cuestión es que también describe que tan profundo es el problema, que tan jodido está un país donde al hurto académico lo califican ya como una costumbre”.

El reportero se declara a favor de campañas de internet y red social para que al presidente le sea retirada su título de abogado por la Universidad Panamericana.

“Y si empiezan a hacer lo mismo con cualquier investigador o hijo de vecino al que se descubra plagiando tesis que hagan lo mismo. En algún momento tenemos que empezar a darnos cuenta de lo hundidos que estamos todos”.

“No es un asunto moralino, es ya de una sobrevivencia moral como sociedad. De un darnos cuenta de una vez por todas de todo lo que está podrido y se está pudriendo más. Está esquizofrenia del nunca pasa nada, aunque esté pasando la cosa más brutal o corrupta del planeta,  al final nos va a terminar por matar a todos, y no hablo de una muerte exclusivamente física”.

Ayala ataja a su amigo acusándolo de “chairo””de idealista en un mundo de sombras”. “de que está claro que Aristegui pertenece a un grupo político y por eso saco lo de la tesis del presidente precisamente ahora que la CNTE está en una feroz disputa con el gobierno federal para echar abajo su reforma educativa”.

Entre dos seguirán polemizando durante los siguientes minutos sobre si el plagio de Peña Nieto es trascedente o no, si cuenta o no en un país de fosas clandestinas, comités de familiares dedesaparecidos y una clase política que si no es comparsa del crimen organizado, se declara en los hechos incapacitada para hacerle sombra.

La polémica seguirá para nunca ponerse de acuerdo. Ayala le dirá a Lavariega que deje de estar esperando justicia externa y mejor se dedique a vivir su vida, Lavariega le responde que para vivir la vida por principio hay que tener la legítima aspiración de cambiarla.

La discusión sigue y lo que era una plática sobre un presidente que plagió su tesis y la periodista que lo ubicó en la trampa, se torna en una disertación cuasi existencial, sobre seguir viviendo en un país donde el futuro solo huele a mierda.

Y donde unos dicen que eso no está bien, y otros rebaten que es mejor irse acostumbrando.