James Bond y su nuevo espectro de aburrimiento

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La felinesca ciudad de México en Día de Muertos que simula la óptica 007 es de un camp que deleita y enerva. Spectre (EUA, 2015) inicia a tambor batiente con un James Bond (Daniel Craig) vestido de calavera catrín en medio de una estrambótica comparsa de muertos, acompañado por una chica Bond mexicana (Stephanie Sigman) a la que muy pronto queda claro que trajeron para extrear.

Por ahí están los créditos al final de dos de los actores más interesantes del cine mexicano, Adriana Paz y Tenoch Huerta, pero de sus rostros nunca aparece un registro. Aunque finalmente el México que refleja el último James Bond  es el que los catorce millones dólares en estímulos fiscales pagados por el gobierno mexicano  quieren que refleje.

Fuera de eso los mayores intereses se la cinta no son muchos, el director Sam Mendes no logra repetir  el tono ceñido, deconstruido y desmitificador tipo Batman y Christopher Nolan, que aplicó en Skyfall (2012) y su villano en esta ocasión está muy lejos del punch, la explosividad y la  inventiva  que Javier Bardem desbordó hace tres años como  ese terrorista homosexual y operático llamado Silva.

Christoph Waltz da en esta ocasión piel a Ernest Blofeld, el mítico villano bondoniano  con esponjado gato blanco de felpa, cuya más divertida interpretación estuviera a cargo del inolvidable pelonchas Donald Pleasence en la conneryana Sólo se vive dos veces (Lewis Gilbert, 1967).

Waltz, el Hans Landa de Bastardos sin Gloria, en esta ocasión no es tan simpático, y en su propósito de ofrecer un dramatismo efectivo termina por volverse inerte. Con una débil historia telenovelesca aclaradora  y antecedente de conflictos entre Bond y Blofeld que coloca a los dos como forzadísimos Caín y Abel, que más que humanizar sus personajes termina por  sepultarlos en un pleito ratero y personal de pacotilla.

Dentro de lo rescatable que llega a subsanar a ratos el aburrimiento de esta nueva entrega de la franquicia del súper espía cinematográfico por excelencia, se encuentra por supuesto la francesa Lea Seydoux. Camaleónica actriz que lo mismo sigue ocupando muchas búsquedas cibernéticas subrepticias por algunas de sus escenas en La Vida de Adele, que hoy llena con su belleza, hablar duro  e hipnotízante inexpresividad su asignatura de nueva chica Bond.

La paliza que le colocan entre ella y James Bond al malvado Hinx (Dave Bautista) sicario que con el puro silencio es capaz de sacar los ojos, deviene en una batalla épica  en la que cualquier cosa es se vuelve herramienta de muerte. Resultando en una golpeadora disertación sobre lo difícil que puede llegar a ser el matar a un hombre. 

Al final este Spectre es un espectro de lo que pudo ser  y denota un prematuro agotamiento del realismo que Sam Mendes pretendía imprimirle a la franquicia. Aunque el cineasta esta anunciado ya como el encargado de la futura película Bond número 25, el deseo es que, pese a que su cuenta bancaria llegue a resentirlo, no llegue.

Y se ponga a hacer otra vez películas que realmente valgan la pena.