Daniel González y su Neplanta personal

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“Un chicano es un mexicoamericano con una visión política, consciente de que hay un sistema que lo está poniendo abajo, oprimiendo. Donde no puede ser igual al anglosajón porque ese sistema no está hecho para permitirle salir de su condición marginalizada”.

Suelta a bocajarro Daniel González, grabador, impresor, quien trabaja la xilografía, el linóleo y tipos movibles de metal, y esta de pasó en una residencia artística en Oaxaca, gracias a la intervención de la galería y centro cultural, Espacio Centro.

“Aquí me sale lo político más que en Los Ángeles, soy más chicano aquí que allá”.

Daniel nacido en L.A, con madre y padre oriundos de Zacatecas, creció y vive en Boyle Height, barrio fundado con el nombre de  Barracas Blancas, poblado por inmigrantes armenios, italianos, japoneses, judíos y mexicanos, a los que entonces les decían californios (por aquello de que no cruzaron la frontera, sino la frontera los cruzó a ellos).

Con el barrio actualmente batallando con temas de desalojo, Daniel relata que actualmente ahí se está tumbando un puente, en el que para él cruzarlo todos los días significaba como ir del día a la noche, con un camino que lleva a la zona más rica de la ciudad.

Un puente usado por inmigrantes de primera, segunda o tercera generación, que trabajan de jardineros y cuidan niños de familias pudientes.

El artista, quien inició de voluntario en el Centro Comunitario de Arte, Mission, en San Francisco, California, asegura que sabe de la vida real del campesino. Fuerte, sin romanticismos

“Es una vida sin muchas opciones. La visión chicana dramatiza la figura del campesino, la revolución, la literatura pocha la imagina como una vida muy bonita, en el campo, idílica”.

“Mis abuelos fueron campesinos, mis papás también, pero ellos decidieron emigrar para buscar una vida mejor”.

Daniel afirma mantener en su obra un dialogo con México, sincero en el hecho de que todo parta desde una experiencia personal, y no desde el cliché.

“No acudir a símbolos e iconos gastados, sino abordarlos todo desde la contemporaneidad, no colgarse ni de Zapata, ni de Pancho Villa, ni del Che. Iconos fuertes que el anglosajón relacionan en automático con Latinoamericana”.

González exhibición exhibe en Espacio Centro, Somos puente y obra con el Taller de Gráfica Libre, un linóleo de tres colores que presentará este martes en el Espacio, además de una plática y la presentación de un documental que habla sobre una antigua imprenta de Los Ángeles y su lucha para mantenerse abierta como una tradición viva.

Desde Oaxaca, Daniel echa la mirada hacia atrás y define que cada uno de nosotros somos un puente a otra realidad, a otra experiencia.

“La experiencia transnacional te hace un puente entre personas, entre países , es un privilegio que no muchos gozan. El poder cruzar esa frontera con documentos, otras personas arriesgan la vida por poder hacerlo”.

González cuenta que también dará una charla en la Ciudad de México en La casa del hijo del Ahuizote, restaurada casa de lucha de los Hermanos Flores Magón.

“La gráfica es un proceso que se presta mucho a la colaboración, el artista viene con una visión, pero para lograr esa visión tienes que hablar mucho con el impresor, armar un entendimiento para lograr las cosas”.

Daniel regresa al valor de la identidad y sus asegunes, comentando que siempre se ha sentido entre dos mundos, entre Los Ángeles y Teul de González Ortega, el pueblo zacatecano de sus padres

“Extraño uno cuando estoy separado del otro. Los escritores chicanos lo llaman Nepantla, el estado de estar entre dos mundos”.

El estado que describieron lo mexicas cuando se encontraron con los españoles

“Le preguntaron a un indígena que porque no se comportaba correctamente, y el respondió, estoy en esa transición entre ustedes y el mundo en el que yo existía”.

Reflexiona el mexicoamericano, mientras cuenta que hará libros de poesía chicana. De ese término del que no se siente parte, pero que no puede dejar de usar.