Clan Murat, corrido del PRI por corrupción y traiciones

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El Independiente

Después de coquetear con AMLO y Claudia, Murat Jr. renunció al PRI y el partido respondió con el cese fulminante de Murat Papá; los dos, ahogados en el desprestigio

La renuncia del exgobernador oaxaqueño priista Alejandro Murat Hinojosa al PRI y la destitución de facto de su padre José Murat Casab como presidente de la Fundación Colosio del PRI fueron producto de la toma del control político del partido por parte del exgobernador campechano Alejandro Moreno Cárdenas Alito, pero sobre todo de las certezas de que los Murat habrían estado trabajando y colaborando con Andrés Manuel López Obrador desde 1998 para apoderarse del PRI.

Murat Jr. había sido ejemplo de los abusos políticos en el PRI: nacido en Tlalnepantla en 1975 y luego de haber vivido toda su vida política en el Estado de México, su padre Murat ejerció todo el poder y la complicidad del mexiquense Enrique Peña Nieto para darle la candidatura a gobernador de Oaxaca en 2016, luego de haber sido director del Instituto de la Función Registral –registro público de la propiedad– y director del Sistema Mexiquense de Radio y Televisión y luego impuesto por el presidente Peña Nieto como director del Infonavit, de donde salió a la gubernatura, pero dejando huellas de corrupción en el tráfico de vivienda.

El poder político de Murat Casab que llegó a su fin en el PRI viene de muy lejos: a principios de los años setenta fue absorbido por el presidente Luis Echeverría para aprovechar la pertenencia del oaxaqueño en los grupos porriles de la famosa Prepa 5 de la UNAM y usar sus relaciones de poder estudiantil en el movimiento del 68. Echeverría lo hizo diputado federal en 1973.

En marzo de 1975, Murat fue uno de los organizadores de la visita del presidente Echeverría a Ciudad universitaria a inaugurar los cursos anuales, pero donde fue repudiado a gritos y pedradas –un golpe en la frente– por la comunidad estudiantil, a pesar de que los grupos porriles de Murat se colaron entre las masas iracundas. Echeverría escapó del linchamiento por una decisión muy rápida de uno de sus oficiales del Estado Mayor Presidencial, el entonces teniente coronel Jorge Carrillo Olea, quien lo subió a un auto particular y lo sacó a toda velocidad, pero no sin antes, como cuenta el propio militar, Murat se subiera al auto y comenzará a gritar que llevarán al presidente a la Facultad de Derecho; sin embargo, Carrillo detuvo el auto y le ordenó a Murat que se bajara del automóvil porque no confiaba en sus relaciones políticas, y recuerda el militar que dentro del auto, en ese momento, el presidente Echeverría reía a carcajadas por Murat.

Varias veces diputado y una vez senador, Murat siempre buscó la gubernatura de Oaxaca. En la sucesión local de 1998, el gobernador saliente de Diódoro Carrasco Altamirano bloqueó hasta dónde pudo a Murat, pero el presidente Zedillo fue amenazado por el propio Murat de que se iría de candidato del PRD si no le daban la nominación priista. Zedillo acababa de perder la gubernatura de Zacatecas, cuando el priista Ricardo Monreal Ávila se salió del partido para irse como candidato del PRD. De acuerdo con la información en ese momento, Murat ya había pactado la candidatura perredista con el entonces presidente nacional del partido, Andrés Manuel López obrador.

A lo largo de su vida, Murat se ha destacado por jugar con el poder en su propio beneficio. En el 2004 aceptó la candidatura local de Ulises Ruiz Ortiz como su sucesor, quien no estaba en su lista de preferidos, pero esa nominación se la había pedido el precandidato presidencial del PRI y dirigente del partido, Roberto Madrazo Pintado, porque necesitaba una gubernatura aliada. Luego de que Madrazo perdió las elecciones presidenciales del 2006, Murat se convirtió en un factor desestabilización política en el estado durante el gobierno de Ruiz Ortiz y manipuló a los dirigentes de la sección 22 de maestros a la que controlaba.

Desde su primera diputación de 1973, Murat siempre se logró colocar en los intereses políticos del partido y tuvo siempre algún cargo en el Comité Ejecutivo Nacional; con habilidad y experiencia, Murat se convirtió en uno de los principales operadores políticos de la Presidencia de Alito Moreno Cárdenas; sin embargo, su ambición de que su hijo Alejandro pudiera ser viable para la candidatura presidencial del PRI en la elección de 2024 lo llevó a chocar con el presidente priista y su proyecto coalicionista y las relaciones se rompieron.

Luego de que tuvo oportunidad de estar en la lista de propuestas del PRI para la candidatura tripartidista del Frente Amplio –que en el fondo iba a ser, como fue, del PAN–, los Murat quisieron desplazar del poder priista a Alito y enrolar a Murat Jr., como candidato presidencial del PRI, creándose problemas a la dirigencia tricolor que ya había aceptado entregar la nominación presidencial al PAN, a cambio de la candidatura a gobernador por el Estado de México. Los Murat comenzaron a agitar el liderazgo de Alito, siempre bajo la certeza de que los priistas esperaban una traición de Murat Jr. incorporándose en algún momento al gobierno del presidente López Obrador y la continuidad de Morena en la figura de Claudia Sheinbaum Pardo.

Los priistas oaxaqueños y el grupo de Alito siempre tuvieron una certeza de que los Murat estaban trabajando en dos carriles: el priista, en tanto que pudieran conseguir la candidatura presidencial, pero cediéndole paulatinamente el control político de Oaxaca a Morena y a López Obrador. Murat Jr. pasó en a formar parte de la lista de gobernadores que colaboraron con López Obrador y ayudaron a las victorias estatales de Morena: Quirino Ordaz de Sinaloa, Claudia Pavlovich de Sonora, Omar Fayad de Hidalgo, el campechano Carlos Miguel Aisa, Carlos Joaquín de Quintana Roo, todos ellos premiados con embajadas o consulados y algunos, como el yucateco Mauricio Vila, a la espera de alguna posición diplomática.

La elección de gobernador en Oaxaca en 2022 la operó el gobernador saliente Murat Hinojosa para beneficiar al candidato de Morena, Salomón Jara, quien por cierto había sido su contrincante como candidato de Morena en 2017. En este año, Murat Jr. ganó la gubernatura con el 32% de los votos, en tanto que Jara solo alcanzó 23%. Seis años después, con el apoyo del priista Murat Jr., Jara y Morena arrasaron con el 60% de los votos, en tanto que el candidato priista que había impuesto el gobernador saliente y al que nunca le dio su apoyo, Alejandro Avilés Rodríguez, apenas logró 25%. Murat Jr. impuso a Avilés como candidato priista a gobernador, después de haberlo nombrado secretario general de gobierno al arranque de su sexenio y al que tuvo que cesarlo en 2017 por haber usado el helicóptero gubernamental para unas vacaciones de su hijo.

Los Murat se han destacado por las componendas políticas. Murat Casab le arrebató la candidatura a gobernador al mandatario saliente Carrasco Altamirano, pero nunca le ajustó cuentas por casos específicos de corrupción; y Murat Jr., logró la gubernatura en 2016 a través de un pacto político de impunidad con el gobernador saliente, Gabino Cue Monteagudo, a quien le perdonó casos escandalosos de corrupción. En ambos casos, la impunidad fue compartida.

De todos los casos de corrupción que han involucrado a los Murat, uno ha comenzado a desvelarse: la apropiación clandestina de propiedades inmobiliarias a través del control de las oficinas encargadas del registro público de la propiedad durante las dos gubernaturas de los Murat, aprovechando la impunidad del poder y el control de notarías, y en un escenario muy local y provinciano que le ha otorgado poca seriedad a la regularización de los títulos de propiedad.

Sin poder político local, con Oaxaca cedido a Morena y la mira alta de entregarle a Murat la presidencia del PRI o la candidatura presidencial priista, los Murat se encontraron sin espacio político en el PRI y de ahí el anuncio el 18 de noviembre de Murat Jr. de salirse del PRI y de crear alguna agrupación política de élite, pero a la espera de que Claudia Sheinbaum Pardo lo lleve a su gabinete, en caso de ganar las elecciones presidenciales, y de ahí esperar la posibilidad de que Murat Jr. pueda ser candidato presidencial de Morena en 2030.

Los grupos priistas aliados a Alito Moreno Cárdenas reaccionaron con rapidez: al anuncio de Murat Jr. de salirse del PRI, la dirección nacional del partido operó el cese vergonzoso y contundente de Murat Casab y le quitaron el cargo de presidente de la Fundación Colosio con todo el apoyo de la estructura partidista y sin darle oportunidad al exgobernador oaxaqueño de luchar por su permanencia.

Murat Casab había sobrevivido por su habilidad política y sus relaciones con la oposición. En 2012 fue el pivote para convencer al PRD de Los Chuchos a firmar el Pacto por México que afianzó al PRI y a Peña Nieto en la presidencia y convirtió al partido de origen cardenista en un activo neoliberal priista, sobre todo después de que el candidato perredista derrotado por Peña, López Obrador, había denunciado irregularidades electorales en grado de fraude priista en la campaña y elecciones. La traición de Los Chuchos y el apoyo de Murat Casab al PRD convencieron a López Obrador de fundar su propio partido.

Y finalmente, los Murat fueron revelados por el New York Times en febrero de 2015 como propietarios de lujosos departamentos en la quinta avenida de Nueva York, sin que Murat papá hubiera entregado pruebas de que no eran de la familia y sólo apelando al olvido político de la memoria mexicana.

La renuncia de Murat Jr. al PRI y el despido contundente de Murat papá como presidente de la Fundación Colosio cerraron el ciclo de un cacicazgo familiar en el PRI oaxaqueño y nacional, pero el siguiente capítulo estará marcado por el colaboracionismo de los Murat con López Obrador en los últimos años y la incorporación de Murat Jr. al equipo político de la candidata morenista Sheinbaum Pardo, probando el principio político de que no hay priista políticamente muerto, sino solo inescrupulosos trapecistas exitosos.