La libertad se defiende con la palabra, el puño y el plomo

Diógenes Arroyo

El contexto actual es el del cinismo. Vivimos en el mundo de los cínicos, los canallas y, sobre todo, de los traidores. Los oportunistas que encontraron comodidad en la transformación (aún de carácter burgués); se arrodillaron con los señores del poder.

Intentar la conciliación entre las clases y sus intereses es bastante mezquino. Los que la predican son farsantes porque en la sociedad de clases las conquistas de los de abajo se arrancarán con voz en el cuello, el puño y el plomo.

La fraternidad entre los hombres sólo se da si existe la conciencia de clase. La formación política de los miembros de nuestro congreso no marcha ni al paso del gran director de la transformación. Agachados y en un silencio sepulcral atestiguaron el crimen contra el pueblo.

Los que hicieron acuerdos inconfesables con los enemigos del pueblo a cambio de prebendas miserables y traicionaron el discurso conciliador “de ya sabes quien” quedaron como llegaron; sin pena ni gloria.

¿Existe la honra en la casa del pueblo? Apenas dos compañeros se opusieron al atraco. Solo les faltó alzar la voz invocando a Proudhon cuando gritó “farsantes” a los conservadores y liberales traidores del parlamento francés.

Nuestro ideario político es de izquierda y somos consecuentes hasta la dureza del espíritu.

Bien decía Enrique Gonzales Rojo en su poema a los perros del parque hundido:

Algunos

(ya los conozco) pretenden luchar, para que el número de Sociedades Protectoras de Animales, aumente al mismo ritmo, del crecimiento demográfico de los perros.

Canallas.

Otros por el mejor trabajo de los veterinarios.

Sinvergüenzas. Unos más porque las vacunas antirrábicas se repartan a pasto. Farsantes.