El sabor de Oaxaca está presente en Cuautla

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El Sol de Cuernavaca

Guadalupe está orgullosa de sus raíces y su propósito es difundirlas en Cuautla a través de la cocina. Hace una década, Guadalupe y Pedro, su esposo, llegaron a esta ciudad con un propósito claro: abrir un restaurante que ofreciera comida oaxaqueña. Durante diez años, Oaxaca mía no ha perdido su esencia y, aunque ha pasado por momentos difíciles, se ha consolidado como un proyecto gastronómico exitoso, que sigue aspirando a preservar la tradición gastronómica a través de las generaciones.

“Nosotros llegamos a Cuautla hace diez años y medio, en 2011. Llegamos con la idea de poner nuestro restaurante, dado que nosotros allá ya sabíamos elaborar productos, platillos oaxaqueños. Mi mamá se dedicaba a la venta de antojitos en el estado de Oaxaca, en la ciudad, en el estadio de béisbol, y así es como aprendimos”, recuerda Guadalupe Cabrera.

Los primeros años de “Oaxaca mía” no fueron nada sencillos. Incluso antes de empezar a vender tlayudas y chocolate, el platillo y la bebida con los que empezaron a ganarse a sus primeros clientes, la pareja tuvo que enfrentarse a comentarios que no les auguraban un futuro prometedor.

“Fue un inicio muy complicado. Había personas que nos echaban porradas, que nos decían ‘ustedes pueden, échenle ganas, esto tiene potencial para más, sigan y no se den por vencidos’, pero también había gente que decía que no iba a funcionar, que la comida oaxaqueña no se vendía aquí, que mejor vendiéramos tacos de arroz o pancita. Pero esa no es mi especialidad”, recuerda ella.

Pedro, mientras tanto, se hace cargo de la cocina junto con dos jóvenes más. Durante una década, una de las claves para aproximar a “Oaxaca mía” al sueño que ambos tenían en aquel entonces ha sido el saber repartir las actividades, con disciplina y responsabilidad. Ambos estudiaron Ciencias empresariales, así que las cosas están claras para ambos.

“Tenemos un compromiso fuerte con los clientes, porque tenemos que conservar un sabor, una imagen, la presentación de los platillos”, agrega Guadalupe.


Han sido servidos dos cajetes de barro con chocolate caliente sobre la mesa. Mientras la bebida humea y esperamos por dar el primer sorbo, Guadalupe, pacientemente, nos habla del rigor que mantiene para preservar al máximo el sabor de su tierra, con productos traídos desde allá de manera recurrente, y complementados con otros de consumo local, como el arroz cuautlense Buenavista.

“Lo que aquí trabajamos son sabores auténticos, traemos producto desde Oaxaca. El sesenta por ciento de nuestros insumos son del comercio local, pero el cuarenta por ciento restante lo trasladamos desde allá. Para manejar nuestros ingredientes hay que tener mucho cuidado, porque vienen de lejos. Y hay que tratar bien todo para que, al servir los platillos en la mesa, el cliente quede satisfecho con la presentación y, desde luego, la atención”, explica Guadalupe.

Cuando “Oaxaca mía” abrió sus puertas al público, en la casa del matrimonio, el menú se limitaba a las tlayudas y el tradicional chocolate oaxaqueño, preparado con agua. El crecimiento era más bien lento en aquel entonces, al grado de que ambos pensaron en tirar la toalla y volver a Oaxaca.

“Pero nos dimos otra oportunidad. Encontramos otro local, un poco pequeño, aquí enfrente, y las mesas para los comensales estaban sobre la banqueta, así que ya te imaginarás: cuando llovía o hacía aire eran caos”, rememora.

Dicen que los cambios siempre son buenos. Con el tiempo, la perseverancia de Guadalupe y Pedro llevó a “Oaxaca mía” a la preferencia de los cuautlenses, que empezaron a pedir más que tlayudas y chocolate. Y así fue como el menú se expandió.

“Actualmente la gastronomía oaxaqueña es más popular, tiene un auge bastante marcado y nosotros hemos recorrido todo ese camino, desde que no éramos nada conocido hasta que poco a poco nos fueron recomendando los clientes. Básicamente ese fue nuestro fuerte, la publicidad de boca en boca fue la que nos ayudó bastante en cada cambio que hemos tenido”.

Hoy el restaurante “Oaxaca mía” está ubicado en el número 327 de la carretera México-Oaxaca, frente a la sucursal del centro abarrotero “Zorro”, y su menú se compone de tlayudas, chocolate, tamales, empanadas, huaraches, tostadas, memelas, quesadillas y bebidas calientes y frías típicas de la región de Valles Centrales, por mencionar sólo algunos de los platillos.


La filosofía de Guadalupe es que toda etapa en un negocio, por difícil que sea, conlleva una retroalimentación. Con todo lo que vivió junto a su esposo desde que pusieron en marcha este proyecto, la crisis causada por la pandemia de la covid-19, y todas las restricciones sanitarias que limitaron las actividades comerciales, se convirtió en un periodo más de aprendizaje, en el que aprendieron a hacer uso de posibilidades que hasta el año pasado no habían probado.

“El episodio de este último año ya lo vivimos al principio, cuando empezamos el negocio, así que no fue tan ajeno a la experiencia que ya traíamos desde hace tiempo”, explica Guadalupe.

A partir de marzo de 2020, la pareja tuvo que hacer frente a nuevos retos: cubrir los sueldos del personal que colaboraba con ellos, respetar las restricciones sanitarias, el incremento del costo de los viajes para surtirse en Oaxaca al dejar de hacerlo en autobús. En general, no dejar morir el sueño y mantenerse firmes.

“Les recortamos los días a los chicos, pero ellos también comprendieron la situación y no hubo ningún inconveniente. Había otros gastos que teníamos, deudas que tuvimos que aplazar, y la mercancía, que teníamos que seguir comprando, ya sea de manera diaria o cuando nos tocaba ir a Oaxaca. Fue eso, pero logramos salir adelante”.

Fue entonces cuando introdujeron el servicio de entrega a domicilio, no sólo por cuenta propio, sino a través de un grupo de motociclistas que se dedican a esta actividad en Cuautla. Pasado un año y medio del inicio de la pandemia, la puerta del aprendizaje sigue abierta y ambos están dispuestos a seguir adelante.

“Nos gustaría tener una sucursal, tal vez en Cuernavaca, en el centro, y otra en Cuautla, desde luego. Pero primero queremos mejorar este punto, que ya está posicionado. Mejorar su presentación y posteriormente extendernos”, dice Guadalupe.