Color, estruendo y pirotecnia, en el 25 aniversario del Museo Dolores Olmedo

Ciudad de México. La tarde de este sábado, en los jardines del Museo Dolores Olmedo, como parte de las actividades de Semana Santa y la tradicional Quema de Judas, fueron reducidas a cenizas siete figuras, tres de las cuales aludían a pinturas: La columna rota, de Frida Khalo; El joven de la estilográfica, y Niña rosa con mochila, de Diego Rivera.

También se prendió fuego a la representación prehispánica de un xoloescuincle, a una ilustración de la artista Angelina Belof, titulada Lobo con muñeca, a un diablo y a una figura de la coleccionista Dolores Olmedo.

El estruendoso y colorido espectáculo de fuegos pirotécnicos se realizó también para celebrar los 25 años del Museo Dolores Olmedo, recordó Josefina García Hernández, directora de colecciones del recinto.

La Quema de Judas representa una de las tradiciones religiosas más arraigadas en nuestro país. Se remonta a la época colonial, cuando los españoles comenzaron a prender fuego a muñecos en forma de diablos durante la Semana Santa.

Los evangelizadores cambiaron la imagen demoniaca por Judas Iscariote, quien traicionó a Jesús vendiéndolo por 30 monedas de plata a los romanos.

Algunos historiadores sugieren que la quema de Judas se relaciona con Las Fallas de Valencia, una costumbre de origen turco famosa en la península ibérica. Otros, en cambio, afirman que esta tradición centenaria realmente nació alrededor del siglo VII como una parodia de las ejecuciones realizadas por la Santa Inquisición.

En la actualidad la Quema de Judas se ha trastocado. Ya no sólo es una tradición religiosa, sino que se ha convertido en una festividad para reconocer o hacer burla a figuras políticas o personalidades artísticas.

En la celebración de este sábado en el Museo Dolores Olmedo, el público asistente disfrutó de una serie de monumentales y mecanizados castillos de fuegos artificiales, todos creados por los artesanos de Tultepec, estado de México, entre los que destacaban uno de casi 10 metros de alto, y dos más de seis metros cada uno.

Al ritmo de la tambora, los estruendosos cohetones, así como el chispeante y agudo silbido lo mismo cautivaban que estremecían a los asistentes.

Igual estuvieron presentes los juguetones toritos, estructuras pirotécnicas cargadas por una persona para simular que embiste a los que se encuentran a su alrededor, así como dos mojigangas con forma de esqueletos, que en fúnebre cortejo acompañaron a cada una de las principales figuras a ser quemadas.

Durante el tradicional acto los cientos de asistentes aprovecharon la vendimia de artesanías, textiles, dulces y comida popular de Xochimilco y otros estados del país, a lo largo del corredor que cruza el museo, espacio en el que se ubicaron para la ocasión más de 30 expositores.

Entre otras actividades también se presentó el ballet folclórico Tlatoani, el cual ejecutó diversas danzas típicas originarias de varias regiones del país.

La Quema de Judas concluyó con un apoteósico lanzamiento hacia el cielo de fuegos artificiales.

Durante 11 años consecutivos el recinto ha llevado a cabo en sus instalaciones la tradicional celebración.

Con información de La Jornada