A lo mejor mis canciones son tan felices como cualquier canción: Saúl Fimbres

“Al final terminamos siendo una mezcla más o menos honesta de todo lo que nos rodea. Todo es una ilusión y la mejor ilusión se la  termina llevando el mas terco”.

Saúl Fimbres tiene 25 años, pero como el mismo lo dice, su alma parece vieja. Nacido en Nogales, Sonora, criado en Hermosillo y las Cruces, Nuevo México, Saúl busca un cigarrillo que no prende mientras comienza la entrevista.

El Blues de las Amapolas, con trece canciones de su autoría (de las cuales le gustan todas, pues él las hizo) es el disco que lo tiene hoy presentándose por toda la República con su propuesta de country, folk y bues en español.

“Las mías son canciones licuadas de toda la tradición musical del sur de los Estados Unidos”.

Suelta Fimbres a bocajarro, recuerda que empezó a tocar piano a los doce años, eso lo llevo al jazz, a estudiar música en Xalapa, donde desertó finalmente para regresarse a Las Cruces a trabajar de mesero. 

“Me puse a tocar country, más que nada me interesaba escribir. Esa cierta sensación agridulce que mucha música no tiene, en el country la encontré”.

Fimbres puntualiza que el country mas representativo se parece a las rancheras, pues es una manera de sobrepasar ciertos eventos, buenos o malos, y distanciarlos en una historia.

“Mitificas una onda que fue real, pero que ya no es tuya”.

Saúl menciona a las historias que contaba Dolly Parton, al folk y el blues de Cisco Houston, y las canciones de protesta de Joan Baez, como algunas de las cosas que lo influyeron a hacer lo que hoy hace, aunque de este último apartado tiene una segunda opinión.

“La canción de protesta  es un universo en sí, una idea muy linda. Te motivan, solo que la protesta es otra cosa”.

“Vivimos en una sociedad en la que una canción no te sirve de nada. Si quieres salir del hoyo una canción no te va a sacar. Tienes que hacer algo de verdad, con huevos y de por vida”.

¿Pero no podría la canción de protesta podría  significarse más en estos tiempos postAyotzinapa?, se le pregunta a Fimbres quien orgullosamente aclarara hacia el final de la entrevista que lo suyo no es ser rebelde sino “contreras”.

“¿Cuantas canciones de protesta no hay, y a quienes les quita el sueño? Yo no he visto menos muertos por una canción”.

Fimbres dice que si a canciones de protesta vamos, todas sus canciones podrías ser consideradas en ese rubro.  De una protesta emocional  y espiritual.

Saltando de un tema a otro , el cantautor recuerda  aunque llegó a cantar mucho de Johnny Cash y lo considera muy bueno, observa también que le falta diversidad.

“Toda la tradición cancionista de Estados Unidos es enorme, desde el blue grass , los cowboys songs, el folk, las baladas irlandesas  e inglesas.

Fimbres mira a otro de sus ídolos, el legendario Hank Williams, como el José Alfredo Jiménez gabacho.

“Me gusta que puedo cantar sus canciones, también las de José Alfredo, pero están hechas de otra madera que todavía no entiendo muy bien”.

No será la primera vez durante la entrevista que Saúl afirme no entender o desconocer algo, afirma desconocer la obra de los cantantes rupestres, aunque cuenta que acaba de descubrir a Jaime López, “y no le gusta como canta, pero que como compositor es un cabrón”.

Del rupestre mayor Rockdrigo González,  con el que podrían existir algunas similaridades en su música, afirma, “no lo he tripeado carnal, pero al final no lo entiendo. Es algo como muy del centro del país, como muy defeño , y al final no conecto con esa madre”.

De vuelta al country, Fimbres relata que rescató de él la melancolía, su vertiente del hombre contra el destino o contra el amor.

“Hay batos que viven bajo un descontrol mental, intentando expresar que están tristes o alegres”.

“Me cuesta un chingo componer country , tengo solo una canción de country como tal. Las demás son un poco más folk  y blues”.

Saúl también cuenta que le costaba cantar en español, pues él  empezó cantando en ingles.

“Me contrataban en taquerías, en eventos, en los honkytonks en Estados Unidos”.

Cuando se le pregunta cómo logró traducir el country al español, Fimbres teoriza que probablemente se agarró de los corridos para dicha transfusión, aunque no lo sabe de cierto.

Con letras como, nena, el siglo 21 te va a hacer llorar, o el perdón cuya piedad nadie quiere, pareciera que lo de Fimbres en sus letras es cierta tristeza y algo más de melancolía

“Podría parecer eso, no sé, la neta  mis canciones no son tan tristes. La raza siempre intenta escribir acá bien feliz, como Rita te amo y esas cosas, y a mí eso me tiene hasta la madre .Nunca encaje en esas cosas”.

“Si una canción te pone feliz, la canción no tiene porque ser feliz. Dentro de una canción hay cierta complejidad. Si mis canciones parten de la melancolía, pero resultan en algo mas, en un pensamiento, en algo que te mueve más la neurona. A lo mejor y son tan felices como cualquier canción”.

Para ser un tipo tan feliz, Fimbres se ha quedado viendo fijamente la amenaza de lluvia que se puede ver sobre el valle de Oaxaca desde la terraza en la que se realiza la entrevista.

“Nubes negras, que cabrón” suelta Fimbres para después comentar que actualmente esta trabajando en un próximo disco con un gringo retirado del D.F, que fue productor en Nashville durante doce años.

Narra que la primera canción que compuso fue “No hay puertas y no hay barco”, que la escribió  pensándola como un godspell en español

“No soy cristiano ni nada así, pero me gusta la música cristiana porque para empezar es una de las bases del country.

“Esas rolas son un climax de conexión, sino con Dios, si con algo que se le parece, o  con la idea que te vendieron de él”.

Sobre los señalamientos que relaciona su estilo country folk con el country norteño del oriundo de Mexicali, Juan Cirerol, Fimbres puntualiza primero que él no ha escrito una línea de una canción  sin haber estudiado antes otras 500 canciones tradicionales.

“Cirerol es bueno, por lo menos en sus primeras rolas. En Suecia, si alguien escucha una canción de José Alfredo y otra de la Banda Limón, dirían que son iguales porque no tienen conocimiento de lo que hay en medio.

“La gente está acostumbrada a simplificar las cosas antes de digerirlas, escuchan dos o  tres rolas de Johnny Cash , y ya dicen que saben todo sobre Johnny Cash”.

Se le pregunta una cuestión que Fimbres pareciera haber estado esperando desde el inició de la entrevista, se le inquiere sobre la influencia que Robert Allen Zimmerman, mejor conocido como Bob Dylan, ha tenido sobre su naciente música.

“”Llegue a cantar más de sesenta covers de Bob Dylan, estudie todas sus letras y sus mecanismos de composición. Estudie a sus maestros, sus técnicas. Estudie a la gente que después lo estudió a él”.

“Dylan es el Johan Sebastian Bach de la música de Estados Unidos, agarró todo lo que ya existía y les dijo, a ver compas así se hace”.

“Hoy siento que ya he ido superando la influencia que tuvo en mi”.

Fimbres se declara fan de la música norteña y de sus “nueve mil rolas”, de Los Alegres de Terán, de Carlos y José. Lo que lo lleva a recordar que no ha compuesto más que un solo corrido, genero ante el que se siente limitado técnicamente, pues es el mejor corrido casi siempre es a dos guitarras.

“Cirerol si le agarró bien la onda a eso. Yo por mi parte creo que me identificó más con el country”.

Finalmente Fimbres habla de la individualidad, cuestión que ya se le ha preguntado antes, y que el entrevistado defendió a ultranza hace unos meses en un programa de internet del canal Rompeviento, Cero Decibeles, de cuyos dos conductores, Saúl recuerda con el tonito del Abuelo Simpson, que “ eran bien hippies los cabrones”.

“Yo no me uno a nadie en una opinión política porque a mí me vale verga. Cuando hay más de dos personas siguiendo a otro cabrón, ya valió madre mi compa. Nunca he votado, ni nunca voy a votar”.

“No existe la libertad y el único intento  de libertad que puedes tener es subjetivo y personal”.

Por lo pronto Saúl Fimbres cantara su subjetiva libertad este sábado 25 de septiembre en la Ciudad de Oaxaca en La Popular, además de presentarse después en La Estrella Fugaz, en Mazunte.

“Me gusta Oaxaca, hasta me vendría a vivir aquí para un sabático”.