Oaxaca te amo y seis cineastas a la espera

0
406

Interior-Centro Cultural San Pablo-Noche

Entre una audiencia expectante, Joven estudiante mira a los seis cineastas oaxaqueños sentados en fila india en una mesa ancha y rectangular. Rigoberto Pérezcano, Francisco Bautista Reyes, Nicolás Rojas, Ángeles Cruz, Jorge Pérez Solano e Ignacio Ortiz  esperan su pregunta.

 

Estudiante divaga, dice que sabe de tareas de fotografía y producción, les declara su admiración, les ofrece sus servicios, les pide chamba. Finalmente encuentra una pregunta que hacer.

ESTUDIANTE

¿Es difícil conseguir recursos para hacer una película?

Los seis cineastas y la moderadora del encuentro Isabel Rojas, se miran a las caras para responder a la cuestión.

Pero es Ortiz, el decano, veterano y más curtido del grupo, el mismo que coescribió las mejores películas de Carlos Carrera y le dio a la Mixteca la calidad de ente perdido en el recuerdo de la nada, el que mira a Estudiante y lo embiste con una pregunta que le responde hasta el fondo.

IGNACIO ORTIZ

¿Tienes coche?

La risa del público confirma que el filo del viejo maestro se mantiene intacto. De muchos es sabido que vender el carro es el primer paso que un cineasta tiene que experimentar como prueba de su compromiso con su arte.

Al final, el motivo de la reunión terminó siendo el anuncio del  proyecto de largometraje  Hecho en Oaxaca, el cual confluirá alrededor  de seis cortometrajes dirigidos por los seis cineastas presentes en la charla de anoche.

Según Pérezcano, la película y sus seis partes (que más bien debería llamarse Oaxaca te amo, en consonancia a la serie de películas que seguramente le dieron inspiración) se desarrollaran en el Centro Histórico de la Ciudad de Oaxaca, y la idea surgió al calor de unos whiskys y mezcales que sobrevivió a la sobriedad.

“Ya hablamos con el secretario de cultura ( Alonso Aguilar Orihuela) y se mostró muy emocionando con el proyecto”.

Se les preguntó a los seis cineastas oaxaqueños sobre algún colega y paisano, de cuyo trabajo se sintieran particularmente entusiasmados.

La moderadora Isabel Rojas mencionó el nombre del documentalista Roberto Olivares, quien se encontraba entre la audiencia, se le  pidió a Isabel, directora del Oaxaca Cine, que extendiera su respuesta no solo a los que no estaban en la mesa, sino a los que no estaban en el lugar, ni en diez metros a la redonda.

Ángeles Cruz  destacó el trabajo de las jóvenes documentalistas oaxaqueñas Itandehui Jensen y Luna Marán, y dijo, ante la afirmación avezada de un reportero, que los seis cineastas en la mesa no pretendían en lo absoluto querer representar  el cine Hecho en Oaxaca, aunque así se hubiera titulado la conferencia y su futura película.

Por su parte, el otro responsable de Oaxaca Cine,  autor de Norteado y ganador del primer premio del festival de Morelia por Carmín Tropical, Pérezcano concordó con Rojas y mencionó a Olivares y a su documental Silvestre Pantaleón, como su cineasta oaxaqueño a destacar (no presente en la mesa, ni parte de la cinta coral anunciada)

La plática había empezado desde una hora antes con Ángeles Cruz, directora de los cortometrajes La tiricia o como curar la tristeza y La Carta, afirmando que lo suyo era empezar desde la cuerda floja, con historias que surgen para no dejarla dormir, “ es cosa de poner el alma en la mano y jugársela”.

Con Jorge Pérez Solano, realizador de Espiral y La Tirisia, contando como paso de la UAM al CUEC por sus infinitas ganas de conocer como se hace una película

“A pesar de que estoy contando mi vida, trato de irme a hasta las últimas consecuencias, incluso hasta eso que yo nunca viví”.

Solano recordó que para Espiral, opera prima financiada por el CUEC, no visualizaba a su pueblo de origen San Pedro Yodoyuxi como escenario, siendo su fotógrafo, César Gutiérrez Miranda, el que le reveló su potencial y sus infinitas posibilidades visuales.

A lo que la única mujer cineasta del equipo, la nativa de Tlaxiaco, Ángeles Cruz reflexionó que un reto para su cine es el e ir dejando su zona de confort y empezar a aventurarse  a filmar sin el apoyo de su comunidad.

Ortiz, originario de Teposcolula, relató que su vocación por el cine vino de la imagen de su padre golpeando a un burro, y de su recuerdo de su abuela caminando por una puesta de sol, que espera un día finalmente poder “atrapar” en una película, razón por la que se mantendrá filmando, aunque “haya que competir con los muchachos”.

Nicolás Rojas, joven cineasta originario de la Mixteca reconoció en una cinta capital de Ortiz, Cuento de hadas para dormir cocodrilos, la razón por la que quiso hacer cine.

“Yo veía muchas películas de Chuck Norris y Rambo, pero cuando vi esa película me di cuenta que ese era tipo de cine que quería hacer”.

Y lo hizo, convirtiendo los cuentos para soñolientos en tonadas dormilonas en Música para después de dormir, la historia de unos ancianos mixtecos envueltos en un realismo mágico en el que al final nadie sufre porque todo el mundo está bien muerto y bien contento.

Pese a que su cortometraje ganador del Ariel  podría hacer pensar otra cosa, Rojas se pronunció de vocación realista, contrario a los exotismos y al folclor de lo oaxaqueño sabio, agradable y bonito.

Rigo aseguró que el cine una vez que lo pruebas es un droga imposible de dejar, “una muerte a pellizcos”, a lo que Rojas subrayó que el cada proyecto cinematográfico tiene sus retos, donde “aprendemos a superar nuestros problemas”.

Pérezcano, zaachileño de nacimiento, quien se aseguro gustosos de correr riesgos en sus filmes, le pidió a los cineastas mixtecos su permiso para poder filmar en su tierra su siguiente cinta, a lo que un siempre contreras y taimado Nacho Ortiz le respondió que no le daba permiso de nada.

Mientras Nacho calificaba de “absurdos” a sus paisanos mixtecos, el joven realizador del cortometraje Mi vanidad, Francisco Bautista Reyes reconoció en Pérezcano a una especie de mentor, y respecto a aquel adagio de Stanley Kubrick, de que él aprendió a hacer cine viendo películas que pensaba que podía hacer mejor, comentó.

“Ves una película y piensas que tú la puedes hacer mejor. Pero ya cuando estas detrás de la cámara te das cuenta de que en realidad todo eso es un rollazo”.

Su mentor, Pérezcano aseguro que su asunto con el cine empezó cuando “algún hijo de puta que no me acuerdo quien fue, me dijo que existía el CUEC” ( el Centro Universitario de Estudios Cinematográficos de la UNAM)

Rigo entró a la escuela pero no acabó, declarando que sigue siendo “un autodidacta del cine” y que lo que viene para el es concluir su trilogía oaxaqueña, de la cual Norteado y Carmín Tropical parecen ser las primeras dos entregas.

“Soy un mirón, a partir de parpadeos empiezo a construir historias. Tengo que contar lo que se, lo que me rodea”.

Pérez Solano, cuya Tirisia parece ser la representante del cine mexicano para la próxima entrega del oscar, declaró que en esta vida para apoyar a algún nuevo joven valor( de los cuales decenas de ellos se dieron cita ayer en San Pablo para que sus ídolos se dignaran aunque sea a mirarlos) hacia falta que estos realmente tuvieran un solo requisito: talento.

“En esta vida se viene a aprender solo a base de chingadazos”.

Dijo Solano, no sin antes pedirle a la audiencia que le disculparan su francés.

Los asistentes y los cineastas parecieron entender a la perfección el idioma.