Suplemento de colección dará a conocer las muchas aristas del gran Toledo

La Jornada

El pasado 5 de septiembre el arte nacional perdió a uno de sus máximos exponentes: Francisco Toledo. Dos meses después de su partida, La Jornada hace un homenaje a este activista, pintor, grabador y consciencia social con El álbum de nuestro Toledo, un suplemento especial de colección para celebrar su vida, su arte y su compromiso, que nuestros lectores tendrán en sus manos este lunes de manera gratuita al adquirir su periódico.

La muerte de Toledo abrió las puertas para conocerlo un poco más. De su vida y su obra se ha ido develando un poco más conforme pasan los días. De la magia que dejó en sus proyectos, su activismo social, siempre dispuesto a ayudar a los otros, siempre creyendo que el arte era la mejor forma de protesta.

De algunas de las muchas aristas que todavía quedan por conocer se ocupa este suplemento especial lleno de recuerdos y fotografías.

Benefactor desinteresado de La Jornada

Su partida dejó una orfandad que es compartida por las culturas comunitarias, por los movimientos en defensa del territorio, por los activismos en pro de los derechos fundamentales, por los estudiantes y los niños de escasos recursos que requieren un alimento y un impulso y por todas las personas que luchan por un mundo mejor para disipar las carencias y las penas de sus semejantes, como expresa nuestra directora Carmen Lira en el texto de introducción de este suplemento, dedicado a ese personaje que fue un motor, un paraguas, un creyente y un benefactor desinteresado de este espacio periodístico.

Su ayuda fue decisiva para lanzar este proyecto periodístico, que este año celebró su 35 aniversario. Las obras donadas por Toledo y Rufino Tamayo, así como por otros artistas plásticos y gráficos, hicieron posible completar el pequeño pero determinante capital fundacional del periódico.

El triunfo de la inteligencia

Se incluyen en las páginas especiales una entrevista con Graciela Iturbide, fotógrafa y amiga de esa fuerza huracanada que fue Toledo: Fue un hombre que jugó todo el tiempo. Un cómplice, un seductor con malos humores repentinos. Uno de los artistas más creativos del mundo que comprobó, con su obra y visión, el triunfo de la inteligencia.

Señala la fotógrafa en una entrevista con Fabrizio León, director de La Jornada Maya: Me consta que era un creador en permanente evolución de lo más impredecible. En su casa no tenía estudio, pintaba en las paredes o a ras de suelo, y su poder creativo se podía desatar con lo que tuviera a la mano.

Están algunas de las fotos que Graciela Iturbide le tomó en distintos tiempos, imágenes de las obras de Toledo, como la serie Papalotes, y del corresponsal de este diario en Oaxaca, Jorge A. Pérez Alfonso, así como un regalo exquisito: un fragmento del prólogo que Carlos Monsiváis escribió para el libro Lo que el viento a Juárez, de Francisco Toledo, publicado por ediciones Era en 1986.

Toledo es mostrado como ese soñador cuyos viajes oníricos no se quedaron en planes. Sus sueños se encuentran en Oaxaca, en el Instituo de Artes Gráficas de Oaxaca –su adorado IAGO–, o en el Centro de las Artes de San Agustín, en Etla, donde los jóvenes aprenden a convertir en realidad esos sueños nacidos de la necesidad de vivir en un mundo diferente.

Los sueños de Toledo están también en lugares como Monterrey, con la escultura monumental La lagartera, en cada mazorca de maíz que resiste los embates transgénicos, en los papalotes que llevaron los rostros de los 43 estudiantes de Ayotzinapa desaparecidos desde 2014 y que él elevó hasta los cielos en una loca carrera por las calles de Oaxaca.

Toledo, escribe Hermann Bellinghausen en este suplemento especial, “pertenece a una tercera y paradójica categoría (de artistas) lejana a la idea que se tiene de él: en cuanto alcanzó el dominio de todos sus recursos creativos, aún siendo joven, devino en un director de orquesta al modo de Duke Ellington o Miles Davis, quienes –obedeciendo a un mandato interior incontenible– pusieron a trabajar en su canción a muchos otros intérpretes, artesanos, operadores, técnicos y entusiastas, y los dirigieron en la dirección que la misma obra iban decidiendo”.

Toledo director de orquesta. De su orquesta sui géneris. Un director cuya batuta era una pregunta: ¿En qué ayudo?.

(La versión digital de El álbum de nuestro Toledo podrá consultarse en nuestra página de Internet: www.jornada.com.mx)