María Sabina fue “la mejor poeta en habla española del siglo XX”: Homero Aridjis

Por Emeequis

María Sabina, la sacerdotisa mexicana de los hongos alucinógenos, fue “una gran poeta” y fuente de inspiración para los escritores de la Generación Beat que acudieron a ella, afirmó el escritor mexicano Homero Aridjis, autor del libro Carne de Dios.

Aridjis, de 75 años, contó en un café de Ciudad de México su encuentro hace 30 años con la mítica curandera (1894-1985), cuyas dotes atrajeron a figuras como John Lennon, Janis Joplin, Bob Dylan o Jim Morrison, y su paradójica vida entre la fama internacional y la pobreza extrema, plasmados en la novela.

Sus cantos, proferidos durante la ceremonia, eran poesía. Para mí sigue siendo la mejor poeta de habla española del siglo XX, sin haber escrito en español. Más profunda, más auténtica y más duradera”, dice el autor.

María Sabina nunca supo su edad. Nació heredando las carencias de sus ancestros, los indígenas mazatecas en Huautla de Jiménez, un pequeño pueblo del estado de Oaxaca.

De niña descubrió el poder espiritual de aquellos pequeños hongos llamados teonanacatl (carne de dios), “angelitos” o “niños santos”. Los comió por hambre, junto con su hermana, pero solo a ella le fueron revelados “los secretos del Gran Libro”, según contaba.

Una de las razones que motivaron a Aridjis a escribir este libro es que considera que la historia de Sabina está rodeada de “contradicciones”.

Por ejemplo, menciona el hecho de que la indígena analfabeta hablara de un Libro de la Sabiduría, del Lenguaje, de la Palabra revelado en sus visiones por los Seres Principales.

“Otra contradicción fue que gente de Nueva York y San Francisco, dos de las urbes más desarrolladas del mundo a mediados del siglo pasado, vinieran a México buscando tradiciones chamanísticas en un ser casi primitivo. Los beatniks buscaban lo beatífico y ella lo sagrado. Los beatniks fueron hijos de María Sabina”, dice el escritor.

El nombre de beatnik se usó para miembros de una generación que se opuso al intervencionismo militar, el consumismo y las buenas costumbres de la sociedad estadunidense de mediados del siglo XX. Sus consignas fueron las drogas, el amor libre y la libertad sin límites, plasmadas en libros y poemas.

Jack Kerouac, su mayor exponente, y William Burroughs, pederasta confeso y asesino de su mujer, viajaron a México. En Huautla de Jiménez buscaron a “la gran chamana”, dos veces viuda, “desdentada y siempre descalza, pero excesivamente limpia”.

María Sabina, prosigue Aridjis, “influyó mucho en la poesía norteamericana de Anne Waldman y otros exponentes de la liberación femenina que hicieron suyo expresar la feminidad cósmica, la mujer como agente activo de la vida”.
Paradójicamente, añade, murió en 1985 en la miseria, “relegada por el sistema”, vendiendo textiles, aguardiente y café para vivir.

Nunca cobró por sus servicios. Fue explotada por muchas personas, entre ellas, afirma Aridjis, por Margarita López Portillo, cineasta y hermana del presidente mexicano José López Portillo (1976- 1982), que hizo un filme sobre ella sin pagarle ni un centavo.

Aridjis, escritor, ensayista, activista ambiental y diplomático, autor de obras como Ciudad de zombis, El poeta niño y Diario de sueños, conoció a la sacerdotisa indígena en 1983.

Un día de febrero, él y su esposa Betty leyeron la noticia de que estaba muriendo de hambre. Consternados llamaron al periódico tratando de dar con su paradero.

Poco después, María Sabina, “enferma de desnutrición, de pobreza”, llegaba a la Ciudad de México en taxi con su familia desde Oaxaca y con el apoyo de Aridjis ingresó en un hospital público.

“Ningún miembro de la comunidad intelectual quiso cooperar con los gastos. Octavio Paz dijo que no. Sólo (el artista Francisco) Toledo dio 40 mil pesos (de entonces) para atenderla”.

Causó sensación en el hospital, recuerda, y hasta los médicos acudían a ella. Al poco tiempo era invitada para dar conferencias.

Carne de Dios, publicada por Alfaguara, está ambientada en 1957, año en el que el autor llegó a vivir a la Ciudad de México a estudiar filosofía y periodismo, pero sobre todo a escribir.

En esa época en México se habían dado cita Fidel Castro y el guerrillero Ernesto Che Guevara para planear la revolución cubana, surgieron los beatnik, Aridjis conoció a Juan Rulfo y a Juan José Arreola y el etnomicólogo Robert Gordon Wasson descubrió a María Sabina.

“Es el tipo de novela que está hecho por la experiencia y la memoria, se van gestando a través del tiempo. Pude haberla hecho en los 80, pero la escribí ahora porque es el momento de hacerlo. Cada libro tiene su momento, su lenguaje y su importancia”, dice Aridjis.