La reporteada como cura: Diego Osorno (1ra Parte)

Diego Enrique Osorno  cuenta que su primer trabajo fue de obrero en una Fundación de Aluminio, en el Mezquital de Apodaca, Nuevo León, que fue en su juventud admirador de José Ramón Fernández y su mesa de debate de Los Protagonistas, donde lo que más lo alimentaba  eran las peleas a muerte en las que se enfrascaban sus colaboradores.

“Era muy futbolero entonces”  explica el mismo reportero que ha cubierto historias sobre  matanzas masivas del crimen organizado, enloquecidos movimientos sociales, protestas multitudinarias y ciudadanas de calibre sempiterno y que hoy está  por sacar un libro con un compendió de las cuatro investigaciones y la profusa investigación que le realizó al mexicano más acaudalado y poderoso en la historia del planeta Tierra: Carlos Slim Helú.

En la primera parte de esta entrevista, Osorno cuenta que su aventura en la reporteada comenzó en su etapa bachiller, en su Monterrey natal, en un programa de Radio ACIR donde daba cuenta de los sábados  de fútbol en los que jugaban los Tigres o los  Rayados. De ahí saltó a Radio Alegría, donde empezó a reportear ya más formalmente  en un reporteo todo terreno incrustado en los cortes informativos que dividían a la banda de la cumbia.

“Vengo de familia de campo, de trabajo, donde no hay títulos profesionales ni nada. Desde chico me convertí en un lector que devoraba lo que le caía, ya fuera el Selecciones, el Libro Vaquero, Mecánica popular. Leía lo que me llegara”.

“Estudie en la primaria Francisco Márquez, imagínate de los Niños Héroes nadie ya se acuerda  y de ese menos. Ahí llevaron computadoras  y formaron como un club de periodismo para empezar a usar el programa. Ahí fue cuando me di cuenta que yo podía escribir”.

“En ese momento estaba trabajando en un taller mecánico y era muy miserable. Soy el peor mecánico que ha habido en la historia de Monterrey. Vendí gorras en los estadios, fui cargador en la Central de Abastos, pero ya luego todo eso se volvió menos pesado cuando me di cuenta de que yo tarde que temprano iba a ser periodista”.

Alguna vez editor de un periódico vaquero rural donde las notas eran robos de vacas,bicicletas y problemas de tierras, el futuro premio nacional de periodismo empezó a gestar uno de sus primeros hitazos reporteriles el día en el que su madre le platicó que los Santa Claus locales estaban siendo extorsionados y corridos de sus lugares de trabajo por el propio municipio regiomontano, comandado entonces por Felipe de Jesús Cantú.

Ya como reportero del Diario de Monterrey, Osorno consiguió un disfraz de Noel y se fue de infiltrado a la calle a escuchar deseos,  recibir cartitas y prometer regalos. El primer día no llegó  nada, pero al segundo, llegaron los cobradores, y con ellos, la nota de ocho columnas.

Después vino la cobertura que le habría de reportar su salida de Monterrey.

“Fernando Canales Clariond, el gobernador panista de entonces se rodeó de gente valiosa y gente de lo peor. Y yo tenía ya una relación muy tensa con su administración y con él.

“Me dijeron que Canales había tenido reuniones con el Yeyo, el jefe del cartel de Sinaloa en aquel entonces. Que hasta fotos había. Empecé a investigar y encontré la foto donde los dos parecían inaugurando un restaurante, actividad que curiosamente había quedado fuera de la agenda oficial”.

“Jorge Fernández Menéndez, director de Milenio Semanal con una visión entonces muy interesante del narco  fue quien me ayudó a rebotar la historia. La nota salió, y de inmediato en una conferencia de prensa empezó a denostarme y llamarme periodistucho y  resentido social”.

Diego establece que al final  manejó su historia no en el sentido de que Canales (secretario de Economía y Energía del sexenio de Vicente Fox ) tuviera un pacto con los narcos, sino bajo la tesis de que parecía que los narcos iban empezando a meterse a San Pedro Garza García, municipio con el mayor ingreso percapita por habitante del país.

“Que no solo se estaban metiendo, sino que también estaban ya codeándose en las fiestas. Yo plantee la nota así, porque la verdad que tampoco tenía pruebas para afirmar otra cosa”.

“Hoy sabemos por el Departamento de Estado de los Estados Unidos que el Cartel de Sinaloa financió a varios gobernadores. Yo hoy te digo que no creo que Canales tuviera una relación con el cartel de Sinaloa”.

“Resultó que una ahijada suya  tenía un línea de ferreterías que estaba ya quebrando y llegó el Yeyo a comprárselas como si estuvieran buenas. Con esa ganancia ella compró un restaurante e invitó  a la inauguración a su padrino, el gobernador, y a su salvador, el narco”.

Curiosamente Osorno terminó por realizar un documental  donde el propio Canales Clariond participó contando sus experiencias como gobernador, El Alcalde (2011) documental codirigido por el reportero y que aborda la historia, mezcla de Charles Bronson  y el Piporro, de Mauricio Fernández  Garza, el alguna vez edil del lugar al que el entrevistado llama “la ciudad de los ricos en Nuevo León”: San Pedro Garza García.

“La foto y mi reportaje la usan siempre para cuestionar al PAN, los priístas lo imprimieron en una lona y lo pusieron a las afueras del Congreso del Estado”.

“Yo estaba por hacer un viaje a Europa para conocer, al gente de la procuraduría empezó entonces a decir que yo estaba bajo amenaza, que estaba en riesgo y que no garantizaba mi seguridad”.

“Me quede trabajando en España en una estación de radio. Me sacaron del camino, tarde ocho años en escribir de narco en esa zona”. < /p>

En ese momento en medio de las mesas del Bar Jardín que dan al zócalo oaxaqueño, una señora que vende collares se detiene frente a Osorno y le ofrece su producto, Diego no le compra nada  pero la saluda con una familiaridad que desarma.

Después comenta que a la señora  se le murió recientemente una hija, que la conoció en el conflicto social de la Oaxaca del 2006.

“Fueron eventos de un impacto tremendo que yo todavía no descifro”, dice sobre un movimiento del que por cuestiones de espacio será abordado en  la segunda parte de esta entrevista, y que hoy lo tiene de regreso en Oaxaca como uno de los tres comisionados a cargo de la Comisión de la Verdad para el esclarecimiento de las violaciones a los derechos humanos que durante su estallido se  terminaron desatando como torrente.

Se habla sobre Allende, Coahuila, el pueblo sobre el cual su reportaje El manantial masacrado dio cuenta  del exterminio llevado a cabo por el grupo criminal Los Zetas, quienes desaparecieron a más de trescientos de sus habitantes  por el sólo hecho de apellidarse igual o ser parientes lejanos de dos hombres que los habían traicionado económicamente, terminado como testigos protegidos del gobierno de los Estados Unidos .

¿En qué momento  te enteras   de esto y decides no sacarlo?

“Eso ya te lo conté cabrón, aquella vez”.

El atrabancado acento norteño de Osorno (que a un sureño desprevenido lo puede sacar de onda a la primera)  se refiere a un encuentro previo entre reportero y entrevistado, en una plática para estudiantes de cine en plena Sierra Juárez. Se le aclara a Osorno que en ese momento este reportero no estaba trabajando.

Este lapsus de humor sirve como prologo para un relato de horror. 

“En abril del 2011 me llegan rumores de una masacre en Allende, pero era imposible ir. Yo iba de vez en cuando a hacer una inmersión en la zona, iba a ciertos pueblos del norte de Tamaulipas”.

“Ya había detectado que Coahuila era zona reservada entre dos bandos de narcotraficantes. Uno de ellos los Zetas, había el acuerdo tácito de no enfrentarse  ni tener cuerpos en exhibición como lo hacían en Tamaulipas y otros lugares”.

“Fui un año y medio después , haber ido antes hubiera sido un suicidio. Las veces que he ido , he ido escoltado. Sobre todo para ir a ranchos que están muy escondidos y  en donde incineraron a varias personas”.

“El alcalde actual considera que son más de 300 las personas que ya no están en el pueblo. Se han encontrado restos de 56 personas, quizás no se hayan encontrado los demás restos. O quizá haya quienes estén desaparecidos y prefieran seguir así, y lograron escapar a Estados Unidos, aunque la verdad la posibilidad de que eso haya sucedido, resulta complicada”.

¿Pero cómo contar, reportear, abordar y ahondar sobre una desgracia que implica un olor a muerte tan fétido, un dolor espiritual tan profundo? ¿Te distancias? ¿te endureces y actúas como si este horror no te tocara?

“No sé, algo como esto claro que te influye y te impacta. Supongo que toda esa violencia vas dejando que se quede en alguna parte de ti. Y en algún momento aflora”.

“Yo trato de hablar mucho con la gente quiero, y también de tener espacios de silencio No hago meditación ni nada, pero si dedico una media hora a tranquilizarme y pensar. Y pensar en lo que venga”.

Diego enseña su celular y los precios y recompensas que reportan una trayectoria dedicada a cubrir zonas en conflicto, gente en verdaderos problemas, temas a los que no se puede renunciar.

“Diego, mañana voy a hacer una huelga de hambre”.

“¿Cómo podemos conseguir asilo político en Estados Unidos?”.

Solo dos de las decenas de mails de personas que Osorno  ha conocido en sus muchas coberturas informativas. De víctimas, informantes, testigos.

“Escribir es lo que me cura, lo que le da a estos ciclos de tener contacto con experiencias dolorosas, con gente que sido traumatizada, ese cierto sentido que se necesita”.

“Tengo la esperanza por delante, el día en el que se me acabe, ya veré que hago Escribiré ficción u otras cosas. Ahorita no es el momento”.

Y claro que parece no es el momento cuando Osorno comienza a platicar del libro que está a punto de publicar sobre Carlos Slim, el hoy cuarto hombre más rico del mundo, pero dueño o accionista de casi todo lo que un mexicano promedio respira, mira, come o utiliza diariamente desde que se levanta.

“Hacer una biografía de él  parecía imposible, pero esta ya está por salir con más de 400 páginas Con información sobre él, que se va a publicar y que no se conoce”.

Sobre las cuatro entrevistas que Osorno tuvo con Slim, el periodista afirma que fueron “interesantes, cordiales a grandes rasgos y  por momentos bastante tensas”.

“Le hice muchas preguntas que no le habían hecho”.

Comenta sobre un libro que empezó a visualizar hace seis años, cuando dio comienzo con una investigación sobre el, donde hablé con muchos personajes vinculados al magnate de origen libanes.  

“Imagínate, vas construyendo una idea de una figura y de repente tienes la oportunidad de corroborarlo. Muchas veces me dijo, no, esto no es cierto. En el libro vendrá la versión de lo que yo investigue y la versión de Carlos Slim”.

“Me gus
tan los personajes limite y Slim lo es. Llegó a ser el hombre más rico del mundo por primera vez en el 2007. Un año antes en el 2006 estuvo lo de Atenco, lo de Oaxaca,había un escenario donde se discutía sobre la pobreza  y como está parecía más fuerte que nunca”.

“De repente en el 2007, pum, el hombre más rico del mundo es mexicano. Yo creo que todo está conectado”.

Osorno en su investigación descubrió que Slim tuvo un hermano con un alto cargo en la policía de los setentas, caracterizada por llevar a cabo una abierta guerra sucia en contra de los movimientos guerrilleros y todo aquello que oliera a subversión.

“Aquí el punto es como te acercas a relatar y contar sobre una persona con poder. Falta reportear mas al poder, entenderlo, sus dinámicas, porque la gente lo tiene está ahí”.

“Al poder casi siempre se le retrata desde los filtros de los departamentos de comunicación social. Vemos a los poderosos como esas oficinas quieren que los veamos. En ocasiones hay que traspasar esa valla y tratar de ver que hay ahí”.

Diego asegura que este ha sido su libro periodístico más laborioso, pero que al final esta cierto de que resultara controversial.

¿Que harás si te demanda el tipo más rico del mundo?.

Osorno se la piensa. Sonríe, se resigna.

“Comprar cigarros”.

Habrá más de Diego Osorno para la segunda parte de esta entrevista.