Columna Fogonero: Chavas, chavos y animales muertos

Era la segunda vez que me tocaba estar en calidad de presentador de un escritor. Ahora se me había invitado para moderar la presentación del  cronista y editor Juan Manuel Servín, en la Feria del Libro de Zaachila, con un grupo de estudiantes de un CEBETAS (Centros Tecnológicos Agropecuarios), a los que también se les habían unido  alumnos y alumnas de una secundaria.

“Es un público complicado, les vale madre” me había dicho el escritor, conocedor ya de presentaciones y ferias. Yo le había confesado que de dos los libros suyos que supuestamente  serían presentados  esa tarde, solo me había dado tiempo de terminar de leer uno.

El escritor me ve con cara de que al que le había valido madre es a mí. Trató de superar la culpa lo más rápido posible, y junto al autor de Cuartos para gente sola y Revólver de ojos amarillos, me instaló en los silloncitos de la presentación.

Todo empieza y JM les pregunta a las chavas y chavos si saben porque en el programa matutino de los domingos con Chabelo, el más longevo de la televisión mexicana, no presentan libros.

Pienso  que Chabelo no es precisamente un referente para estas nuevas generaciones, acostumbradas a la tecnología y la cibermedia desde edad muy temprana. Recuerdo que en mi caso debo de haber dejado de ver a Chabelo antes de cumplir los diez años, porque esa fue la edad en la que dejé de levantarme temprano los domingos.

Servín les dice a los chicos que no hay libros en Familia con Chabelo, porque el comediante pertenece a una familia (Televisa) a la que no le conviene que nadie piense. El escritor les pregunta a los chicos por algún libro que hayan leído, los chavos tardan en contestar.

Por mi parte trato de hacer acopio de inspiración y le digo a los estudiantes  de doce a 16 años, que los libros les permiten conocer cosas, saber de ellas, que tal vez piensan que a su edad mientras menos conozcan, estas cosas menos  los lastimarán, pero que no les interesa conocer tarde que temprano terminará por alcanzarlos.

Preguntó si saben que significa la palabra compenetración, JM dice que eso suena a albur, los chavos no ríen, pero de los más de ochenta adolescentes presentes, al parecer nadie ha escuchado nunca la palabra, ni sabe lo que significa.

Les digo algo así que compenetrarse es algo así como entender, hacer por comprender, asimilar. Muchas chavas y chavos ponen cara de estar escuchando, tal vez porque entienden que les intento decir que la cuestión es moverse  o porque tampoco saben qué diablos significa asimilar.

Algunos de los chavos presentes empiezan a hablar de los libros que leen, contrario a lo que se cree, el leer no es tan prohibitivo para los más jóvenes .

Un chica con uniforme de secundaria cuenta que leyó todo Harry Potter y las tres partes de Los Juegos del hambre. Otro chavo recuerda, que el libro que más le ha gustado leer es un llamado Ninfómana, Servín le pregunta que tal estuvo y que si se los recomienda a sus compañeros.

Chavo voltea, los mira y suelta una consideración extraña que podría sonar proteccionista o individualista.

“No, a ellos no”.

Los testimonios continúan y una estudiante  se para espontanea para decir que un libro que ha leído una y otra vez es Santa, de Federico Gamboa, una novela editada por vez primera en 1903.

La sorpresa sobre esta revelación duraría hasta mucho después de haber concluido la presentación, con el  inusitado caso de una chica de unos catorce años leyendo un libro que tal vez ya nadie lee.

La chica explica que, tuvo que leer el libro gracias a una tarea de clase, y que su personaje de chica en desgracia que no termina de enfrentar calamidades, de inmediato le gustó.

La chaviza continúa con sus ejemplos y algo hay que apuntar sobre eso, al no ser que nos dé chance un chavo larguirucho con gesto vivaracho que no deja de hablar y  buscar las risas de sus compañeras.

“¿Qué libros te gusta leer?” le pregunta Servín a bocajarro, el chavo medio se revuelve para contestar, pero cuando lo hace, al menos a mí, me deja un poco pasmado.

“Sobre animales muertos”

Servín y yo nos miramos como comprobando si escuchamos bien, el chavo se mantiene impávido. Yo le digo que está muy  bueno su tema, pero que se cuide de que el FBI no ubique sus historiales de búsqueda en internet.

Era un chiste pero el chavo se queda serio. Después pienso que tal vez sea porque no sabe bien que es el FBI, o porque su tema que podría sonar a zoofilia fúnebre, era en realidad una disersión existencial en clave de poesía.

“Tienes pedos, morro” es el último pensamiento que le dirijo al zoofilico o poeta en ciernes.

El evento de presentación ha terminado por convertirse en un intercambio, pese  oficialmente les vale madre. Hoy por lo menos esta tropa adolescente ha estado muy animada, con su maestro de literatura argumentándole a Servín que, “lamentablemente” los libros que leen en clases son los que el programa de estudios les marca.

El escritor le dice que tal vez lo que queda por hacer es adaptar las lecturas escolares a libros que los chicos quieran y realmente vayan a leer.

Con casi una hora de una plática, a la que no se le auguraba mucho futuro, Servín lanza la pregunta de “¿para ustedes que significa realmente la juventud?”.

Los chavos chacotean en sus respuestas, que finalmente un estudiante señalado por su profesor es el encargado en contestar.

El chico con incipiente bigotito y voz que todavía se rompe, enuncia que la juventud es una etapa de cambios físicos, emocionales, de que las cosas empiezan a agitarse desde dentro.

“Y un día, hasta tenemos novia”.

Dice el chavo con expresión de que todavía no se le ha pasado el asombro, ante la algarabía de los presentes, y de los adultos, como es mi caso, al que en los cambios de juventud nunca vino incluida la parte de la novia.

“Sean jóvenes hasta que puedan, y hasta que quieran”.

Digo a manera de despedida, ante un tumulto de adolescentes que ya se están yendo, en una frase que me ha salido espontánea y que no sólo los comprende a ellos.