FOGONERO: El cine y el camino de Richard Linklater

Escrita por: Rodrigo Islas Brito

“Richard Linklater es el mejor cineasta norteamericano de los últimos veinte años”

“¿Quién? “ me preguntó un amigo ante mi convencida aseveración. “¿Y ese que ha hecho?”

Lo curioso es que haciendo la misma prueba con conocidos o amigos que medianamente les interesa el cine, la respuesta resultó ser mas o menos la misma.

Linklater hoy ya no es mas un ilustre desconocido, ha sido nominado al Oscar por Boyhood, película que filmó a lo largo de doce años, y el público (con la notoriedad que da el premio mas publicitado del planeta) empieza a preguntarse quien diablos es.

Richard Stuart Linklater es un texano de casi 55 años que empezó a filmar en 1985 con Woodshock, un cortometraje documental que contaba con la participación de Daniel Johnston, el legendario cantautor de Sacramento, California que encontró en su esquizofrenia la razón para su genialidad, con su ritmo arrítmico, letras crudas e irónicas y una visión descarnada de la gradualidad de su propia locura física y emocional.

Linklater, quien solo sabia que la mejor manera de empezar a filmar era filmando, se lanzó a las calles de terruño Austin y con sus propios recursos y en menos de dos semanas de filmación levantó Slacker (1991) un entramado de historias episódicas con personajes que aparecían y desaparecían solo para hablar del desempleo , teorías conspiratorias sobre quien mato a Kennedy, el empoderamiento de las clases sociales y la oferta y la demanda de una prueba de Papanicolaou.

Desde aquí Linklater deja clara su habilidad para la verborrea desatada, en donde los personajes mas que hablar, se confiesan, se descubren, se proyectan. La palabra para el cineasta texano no tiene la intención de excusa para el dialogo sangriento, ocurrente y guiñolesco tipo Quentin Tarantino (el mas famoso de sus contemporáneos) sino sirve como explicación para la vida y las contradicciones de existir en ella.

En 1993 llega Dazed and Confused (llamada en México Rebeldes y confundidos , titulo que por alguna razón me sigue pareciendo una traducción fatal) La cinta daba cuenta del ultimo día de clases de una bola de desgarbados, preocupados, reventados y mariguanisimos chamacones de un small town of Texas en 1976.

Persecuciones adolescentes, romances furtivos, perdidas de virginidad abortadas, preocupaciones sobre un futuro suspendido que no da señas de querer arrancar eran solo algunas de las cosas que ocupaban a la decena de personajes principales que hacían pensar a la cinta como una extraña mezcla de historias corales tipo Robert Altman y boberías adolescentes al estilo del mejor cine adolescente de John Hughes.

A destacarse la presencia de un jovencísimo Matthew McConaughey, intrigante en su papel de eterno preparatoriano con bigote para quien el high school fue la mejor etapa de su vida y la cual no esta dispuesta a abandonar.

Esa angustia adolescente de la América perdida en McDonalds mugrientos y casas de maderas con tejados rotos, la retoma Linklater en SuBurbia (1996) basada en una obra de teatro del también actor Eric Bogosian.

La cinta es el rencuentro que una fulgurante estrella del rock sostiene con sus antiguos colegas de sus pueblo natal, la cual esta llena de recuerdos minados, temprana melancolía y las malditas ganas de nunca encontrar un lugar en ningún lugar.

Linklater se encuentra aquí en su elemento, en su mero mole de duda poética y vacío armónico y existencial. “Si todo es tan jodidamente inútil, ¿por qué coño estás tan jodidamente molesto?” le pregunta un personaje a otro en una búsqueda fortuita por encontrarle explicación a aquello que ya no la necesita.

Tape, puesta al día en las vida de tres personajes que se reencuentran en un cuarto de hotel para acusarse mutuamente de haberse fastidiado la existencia buscando retribución en un pasado que ya no distinguen , y Despertando a la vida, animación existencializada donde una serie de teóricos subrepticios hablan sin cesar entre ellos (al mejor estilo Slacker) descubriendo y sepultando a un mismo tiempo el origen del universo y la explicación de la infelicidad, son las dos películas que Linklater estreno en el 2001.

Escuela del Rock (2003) la cinta mas comercial de Linklater, con un divertidísimo Jack Black que la jugaba como una especie de novicio rebelde pasado por acido litúrgico, fue el prefacio de Antes del Atardecer (2004) una de las mejores cintas del cineasta , la segunda parte de Antes del amanecer (1995) relato idealizado sobre personajes jóvenes e idealizados que en su secuela, nueve años después, extraviaban todo ideal.

Julie Delpy e Ethan Hawke interpretaban a la pareja protagónica que se reencuentran en París solo para darse cuenta que la luz y la ilusión se han alejado de sus vidas definidas y consecuentes hacia un lugar en el que nunca imaginaron ni quieren estar.

Con una cámara ceñida a los personajes que los sigue durante mas de hora y media sin abandonar jamás su categoría de simple espejo de su neurosis, con diálogos precisos y que escudriñan cualquier posible recoveco emocional, Antes del atardecer es una de las cintas magistrales y mas atípicas del cine de los dosmiles, decidida a hacer de la simple conversación de dos personajes, un océano de emociones, reflexiones, voluntades que juegan para el espectador el sencillo juego del autorreflejo, del ¿que hubiera pasado si?

En el camino vienen también La Pandilla Newton (1998) su fallida y texana ofrenda al Bonnie y Clyde, de Arthur Penn, protagonizada por sus dos actores fetiches Hawke y McConaughey, su remake con poca garra de Los osos de la mala suerte (2005) su potente critica al consumismo gringo y su explotación del trabajo ilegal en Fast Food Nation (2006) su reinterpretación en clave de white trash del mundo laberintico y esquizoide de Philip K Dick en A Scanner Darkly (también del 2006) su ambiciosa pero poco lograda Bernie (2011) en donde Jack Black da cuenta de sus limitados alcances dramáticos y Antes de la Medianoche (2013) tercera parte de la saga de la pareja Delpy y Hawke a la que le falta el punch de sus predecesoras.

Por ahí también destaca Yo y Orson Welles (2008) otra de la sobras maestras de Linklater, el recuento del shock que sufre un pobre chico idealista y campirano al comprobar que el inmortal Orson Welles pudo ser un genio pero también fue un bastardo y un tirano, en la producción de la puesta en escena de Julio Cesar, de William Shakespere.

Con una dirección artística en que el look del Nueva York de los años treinta se logra a la perfección, la cinta es el pretexto para que Linklater explore nuevamente los posibles entendimiento de la ambigüedad humana y esas contradicciones de las que se compone cualquier compromiso artístico.

Finalmente, el pasado 2014 llegó Boyhood, película por la que Linklater pasó dice años filmando a sus actores y retrata el devenir de una familia fracturada, en la que el director plasmó aquello que ha movido siempre su propio impulso creativo.

La explicación del ser humano, el entendimiento del espíritu que nos impulsa a levantarnos todos los días y morir un día para dejarles nuestro lugar a otras mentes que volverán a hacerse las mismas preguntas.

Para el director, guionista y cineasta la vida no se trata de llegar a algún lugar, para Richard Linklater la vida, la naturaleza humana, es eso que nos sucede y que nos pasa en el camino.