La movilización social: ¿espejismo o la realidad?

En 2014 se realizaron en Oaxaca tres mil 468 movilizaciones, un promedio de diez diarias. ¿Es la nuestra una sociedad altamente politizada, que lucha por sus derechos y causas sociales? ¿O, por el contrario, es sólo un espejismo que convalidad el statu quo aparentando movilización social y apertura a la crítica?

1. Mucho se ha dicho y escrito sobre la parálisis de la sociedad mexicana y oaxaqueña en los últimos años, lo que, en parte, propició que la transición democrática, en el país y el estado, hicieran agua; así lo hemos abordado en distintas ocasiones (Noticias, enero 3,5 y 7 del 2011: ¿De la década pérdida al decenio del cambio?). Sin embargo, en Oaxaca de tiempo atrás hay una historia creciente de movilización social; y tras los lamentables hechos de Ayotzinapa éstas se han incrementado en la capital del país y las entidades federativas. ¿Qué sucede entonces?

En 2014 se presentaron en la entidad 203 marchas, 912 bloqueos, mil 947 toma de oficinas, 126 plantones, una huelga de hambre, y 805 manifestaciones –datos de la SSP—. Sí la construcción de la ciudadanía pasa necesariamente por la participación en los asuntos públicos que nos conciernen, esos indicadores nos deberían hablar de una sociedad fortalecida, con alta conciencia de la defensa de sus derechos y de la pertinencia y necesidad de sus demandas. Por ello se apropia del espacio público para generar cambios políticos sustanciales que atiendan las causas de la inconformidad social. Eso, es la teoría; bastante alejada de lo que pasa en la práctica.

2. Una parte de la respuesta deviene de que estas acciones han perdido su efecto de lucha social, se han frivolizado. Hace un par de décadas un bloqueo carretero, la toma de oficinas públicas, se inscribía en el contexto de un gobierno que no permitía la crítica y entrañaba grandes riesgos de represión. Era una medida extrema de la lucha social y requería de un gran compromiso social y ético de quienes lo realizaban. Ya no es así necesariamente. Ahora grupos pequeños, por demandas particulares bloquean sin mayores problemas vías de comunicación.

3. Un buen número de organizaciones sociales en Oaxaca se encuentran en las endebles fronteras entre representación política genuina y el clientelismo y corporativismo. Lejos de ser ejemplo de lucha social, son los agentes que la contienen. Para ello hay que simular: se movilizan, bloquean, y presionan, a cambio obtienen prebendas diversas: programas sociales, materiales para obra pública y recursos varios. En las más de las ocasiones quienes se fortalecen son liderazgos venales. “Lo que resiste apoya”, una de las máximas que sentenciaba Jesús Reyes Heroles, cobra vigencia para el sistema político.

Un caso patético se ha dado con el movimiento magisterial, por ejemplo, que ha llevado el absurdo de su lucha la presión de que sea Santander no Bancomer, la que les haga los pagos. Movilización-negociación-movilización, el círculo vicioso que nunca acaba y para el que hay que alimentarlo con las más variadas demandas, nacionales e internacionales incluso, pero que (y el más claro ejemplo es el 2006) se diluyen cuando son atendidas sus protestas económicas o de prebendas laborales.

4. La privatización del espacio público que ha propiciado la modernidad, pasa también por la lucha social. Otrora las medidas de protesta o de resistencia cívica, defendían causas sentidas de la sociedad. Se oponía, por ejemplo, al alza del precio del pasaje. Ahora en cambio en la capital estatal en 2011, en Juchitán y Salina Cruz en ese mismo año, y hace apenas un par de semanas en Huajuapan, quienes bloquean calles son los dueños de los servicios de transporte urbano para exigir ¡¡el alza al precio del pasaje!! Según dio a conocer Noticias (05/02/2015) el “Frente Popular 14 de Junio” toma hace unos días un negocio privado para utilizarlo para vendedores ambulantes.

La movilización social, en tanto defiende sólo intereses sectarios e incluso violente derechos de los otros, no necesariamente es construcción de la ciudadanía, ni lucha social. Así, es común ver a taxistas vs taxistas, “oficiales vs tolerados”; ya disputándose rutas, más concesiones o que no se las otorguen a otros. O camioneros materialistas disputándose los contratos para el acarreo de material. Y un largo etcétera.

5. Y sin embargo, se mueve. Ha sido la participación comprometida de la sociedad la que ha generado cambios en la historia mexicana y local. Ejemplos hay muchos, algunos recientes: en 2006 fueron las centenas de miles de voces en las calles de Oaxaca las que pusieron un alto a un gobierno autoritario y represor; en 2010 fueron esos miles en las urnas las que condujeron a la alternancia en el gobierno estatal y a la reconfiguración en el Congreso y los municipios.

Fueron los jóvenes del #YoSoy132, los que obligaron a modificar las campañas de los candidatos presidenciales en 2012. Ahora al grito de TodosSomosAyotzinapa, NosFaltan23, YaMeCansé, están exigiendo justicia, alto a la impunidad y a la corrupción, seguridad, defensa de los derechos humanos. Desde la sociedad civil se ha construido la propuesta del Sistema Nacional Anticorrupción –que está bloqueada por los partidos en el Congreso de la Unión, pero que necesariamente tendrán que abordar—; se lucha desde hace años por la rendición de cuentas; son las que han detenido, en parte, el saqueo de los recursos naturales por empresas trasnacionales.

Es tiempo de acentuar esa movilización comprometida con las causas sociales, la democracia, los derechos humanos, la diversidad cultural, la educación. No con prácticas perniciosas y desgastadas. Sino con imaginación y propuesta. De ello depende que continuemos en el espejismo de una sociedad movilizada que mantiene el statu quo o de una participación ciudadana que produce transformaciones sociales verdaderas.

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