En Oaxaca, la gráfica es de ellas

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Pongamos todo en perspectiva // Carlos Villalobos (@CarlosAVM_ )

Hay conversaciones que no buscan aplausos, pero sí encuentran lugares, y “Nosotras presentes.

Mujeres en la gráfica urbana de Oaxaca” ocurrió en el IAGO. Sucedió ahí, sí, pero pudo haber sucedido en cualquier banqueta o espacio público que habitamos; en este caso, la forma no es fondo.

Escuchar a creadoras hablar de rap, beatbox, graffiti o ilustración sigue incomodando a ciertos sectores que prefieren encasillar el arte femenino en lo decorativo, en lo etéreo y en todo aquello que es delicado. Sin embargo, la gráfica urbana es frontal y, cuando viene de mujeres, en muchas ocasiones levanta cejas de incredulidad.

Durante la charla, Lágrimas Fungi, destacada ilustradora oaxaqueña, habló del duelo y de la espiritualidad sin convertirlo en espectáculo. Su proyecto nace de una pérdida y de un proceso de introspección que no cabe en la lógica productivista del arte. Por su parte, Zouw Díaz, destacada lírica oaxaqueña, encontró en el rap una salida ante la falta de comunicación familiar. Jennifer Dubs convirtió el beatbox en idioma propio cuando la timidez parecía un obstáculo, y Doma Press, quien condujo el conversatorio esta ocasión, dejó en claro que el arte es el conducto para poder expresar lo que a veces apresamos en el pecho.

Todas coincidieron en que, desde cada una de sus trincheras, el sentimiento es el motor creativo, no por el hecho de ser mujeres, sino por la misma característica humana. Sin embargo, como creadoras, se enfrentan a veces a muchos prejuicios: el de que, por “ser mujer”, no pueden existir en el mismo contexto que otros creadores.

Conviene detenerse ahí; muchas veces se romantiza la idea de “romper barreras”, como si bastara con tener talento. Lamentablemente, las industrias creativas, como la calle, no son neutras. No lo han sido nunca. Para las mujeres, esto implica un cálculo constante: horarios, rutas, miradas. Implica demostrar capacidad en espacios donde la duda es el punto de partida.

Y luego está el otro muro, el menos visible: el de los códigos culturales. Los espacios privados del arte, los foros autogestivos y las galerías que presumen apertura suelen operar con reglas no escritas. La ecuación no es sencilla y el panorama parecería desolador: el lenguaje “correcto”, la ropa “correcta”, las conexiones “correctas” y todo lo que las industrias creativas traen consigo.

Frente a eso, la respuesta que encontraron estas cuatro creadoras, y que han tratado de impulsar, es evitar el aislamiento mediante la creación de redes, acompañamientos y grupos que se organizan no para competir, sino para sostenerse. Hoy, el sistema que nos ha tocado vivir fomenta la desconfianza entre mujeres y, justo ahí, decidir confiar es un acto político.

Como alguien que ha estado involucrado con la escena musical de mi estado por al menos 15 años, resaltaría cómo durante la charla estas artistas no hablan desde la queja o el victimismo permanente. Hablan desde el oficio, la disciplina, la constancia y la profesionalización. Buscan sostener trayectorias y redes de apoyo en entornos que históricamente han sido cerrados.

Lo que ocurrió en el IAGO es la confirmación de que la gráfica urbana femenina dejó de ser una excepción. Está ahí, dialogando, cuestionando sus jerarquías, empoderándose, fomentando talento y ampliando su memoria visual, pero sobre todo, dejando claro que hay espacio para todas y todos.