A Río revuelto… Defensoría de Derechos Humanos del Pueblo de Oaxaca: un costoso florero

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Por más que se invoque el discurso de los derechos humanos, la Defensoría de Oaxaca (@DDHPO) se ha convertido, bajo el mando de Elizabeth Lara Rodríguez, en una institución muda, estética y absolutamente intrascendente. Un florero caro, para adornar la sala de discursos oficiales, mientras afuera se multiplican los atropellos.

El silencio institucional fue estruendoso durante la represión contra trabajadores del Telebachillerato Comunitario, un caso que merecía, al menos, una postura firme de condena. Pero no. Lara Rodríguez prefirió mirar hacia otro lado. Como lo ha hecho con cada crítica del gobernador: dejar que el tiempo pase, no incomodar, no intervenir, no existir.

Paradójicamente, la titular aparece con frecuencia en comunicados de prensa, sonriente, viajando a eventos internacionales o retratándose con organismos extranjeros, hablando de “defensa de derechos” como si aquí no hubiera nada que defender. Candil de la calle, oscuridad de su oficina.

La Defensoría, diseñada para ser contrapeso, refugio y voz para las víctimas, se ha convertido en una dependencia ornamental. No incomoda al poder, no acompaña a los reprimidos, y sólo se pronuncia cuando el tema no afecta al gobierno estatal.

¿Quién defiende a los oaxaqueños cuando hasta la Defensoría calla?