El fascismo, no

ERNESTO REYES

La desesperación de no hallar mejor estrategia para enfrentar con éxito al gobierno de la 4T, está llevando a algunos cuadros militantes del Partido Acción Nacional (PAN), a consentir ideologías o posturas de extrema derecha que lindan con el fascismo.

La reciente presencia de una delegación del partido Vox español, que se mostró públicamente con legisladores del blanquiazul, sin que el gobierno sancionara dicha intromisión como se hacía antes, ha reabierto un debate que se creía superado históricamente. La divisa principal de Vox es “frenar el avance del comunismo”, una ideología que su mente fantasmagórica ve instalada ya en México.

El pensamiento conservador existe desde los tiempos de la Independencia, la Reforma y la Revolución cuando pugnó contra las reformas liberales de Juárez, por la imposición de un príncipe extranjero, la intervención francesa y apoyó la embestida de la iglesia católica; el mismo derrotero que llenó de sangre el bajío mexicano durante la guerra cristera.

Desde la época del cardenismo – contra lo que nació el PAN, para contrarrestar su influencia – no cesaron los ánimos de dicha organización partidaria para disputar el poder con los gobiernos que se decían defender el nacionalismo revolucionario, es decir, del PRI. Sin embargo, el acceso en el año 2000, de Vicente Fox a la presidencia de la República, atenuó dichas ansias porque con Calderón incluido, pudieron establecer un cogobierno asociado al salinismo neoliberal para asumir la política del gatopardo, es decir: emprender cambios para que todo siguiera igual.

Dicha connivencia terminó al concluir el gobierno de Enrique Peña Nieto, cuando accedió a palacio nacional un hombre nacionalista y de izquierda con amplio liderazgo y consenso popular, un mandatario empeñado en transformar el modelo económico y social, basado en el combate a la corrupción y a los negocios que se hacían desde el poder público, y con una política encaminada a favorecer a los más pobres.

Este episodio revela que, a falta de mejores argumentos para sostener el debate político e ideológico con el partido gobernante, algunos estén aceptando la intromisión de posturas falangistas que nunca se fueron de España y otras naciones europeas. Dicho activismo tiene como referentes el fascismo alemán-italiano-español de Adolfo Hitler, Benito Mussolini y Francisco Franco. Su divisa principal es combatir la inmigración y el respeto a la diversidad racial; negar derechos conquistados a favor de las mujeres, a las minorías sexuales, y volver a la educación confesional, entre otros.

Parecía historia enterrada la de agrupaciones clandestinas y sectarias como la Alianza Anticomunista de América, cuya política de acción directa, estuvo vinculada a las dictaduras militares. En el Sur y Centroamérica, prevalecen malos recuerdos de dichos grupos, asociados a sectores oligárquicos que, mediante la tortura, encarcelamientos ilegales, desapariciones y crímenes de guerra, sometieron a pueblos enteros, impidiendo el ejercicio democrático del voto, y negando las libertades de expresión y de prensa.

La expulsión, de miles de ciudadanos de Argentina, Chile, Brasil, Paraguay, Uruguay, Bolivia, o Guatemala, por citar algunos, llenó de talento y gente productiva a países como México, que ejerció como nunca el humanitario derecho de asilo, tal como había sucedido con los refugiados españoles.

Ahora que Vox busca instalar una “cabeza de playa” en México, asociado con lo peor de Acción Nacional y rescoldos de una agrupación conocida como “El Yunque”, sin que dicha alianza se haya valorado por su militancia, es menester que no se dejen sorprender quienes en algún momento han desfilado por el blanquiazul, han sufragado o colaborado con ellos, o les han brindado su confianza en las urnas.

El mal recuerdo sobre cómo terminó, al final de sus días, el connotado educador oaxaqueño, José Vasconcelos, es otra referencia para no dar pasos en falso. La historia va a juzgar, severamente, a quienes, en pleno disfrute de sus libertades políticas, están valorando tomar la peor vía, con la esperanza de ganar adeptos para su pensamiento conservador y de derecha, llenando el extravío ideológico que padecen.

Los viejos y nuevos panistas, identificados con los valores democráticos, que nunca han abrigado un sentimiento de traición a la Patria, por más difíciles que estén las condiciones para la lucha política, merecen todo el respeto como integrantes de una oposición legal, valedera y necesaria, en nuestro sistema de partidos. El fascismo no.

@ernestoreyes14