Bajo nivel del mar, cuencas, deforestación y presas agravan inundaciones en Tabasco

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“Todos los años hay inundaciones en Tabasco, particularmente en la cuenca del Usumacinta que no tiene control y los municipios aledaños se van a pique”, así lo aseguró el ex gobernador de Tabasco, Arturo Núñez 

En entrevista con Pascal Beltrán del Río para Imagen Radio recordó que los historiadores han reportado inundaciones en el estado desde el siglo 19 y promedian que hay una inundación grave cada cinco años y medio

Explicó que esto tiene que ver con muchos factores, el primero, es el bajo nivel que tiene Tabasco, sobre el nivel del mar y explicó que, junto a una zona montañosa, está una planicie costera que tiene tan solo 7 metros sobre el nivel del mar.

“Pero si no se toman en cuenta los municipios aledaños a Chiapas, la altura baja a 4 metros es una planicie que no tiene pendiente”, expresó.

Detalló que, si se sobrevuela la zona, se puede ver el cauce de los ríos que en algunas partes dan vuelta en U, lo que dijo, sería imposible si hubiera pendientes.

“El segundo problema es que parte de la zona serrana tiene 6 grandes cuencas hidrológicas, el río Tonalá, el río Mezcalapa-Grijalva, que es el que tiene las 4 presas y el rio de la Sierra que se alimenta de muchos ríos y es el que pasa frente a Villahermosa, convirtiendo a la ciudad en una especia de isla”, dijo.

Recordó además que la presencia del río Tulijá, que nace en las cascadas de Agua Azul, el río Usumacinta, que es el más caudaloso de México y que no tiene obra de control y el río San Pedro, que al igual que el Tonalá no genera problemas, pues es un río auto controlado

Ante este panorama, el exgobernador explicó que por Tabasco escurre el 30 por ciento del agua superficial de todo el territorio nacional y al llegar a la planicie costera, habiendo lloviendo mucho arriba y en la planicie, “estamos en la tormenta perfecta para hacer daño y afectar abajo”, aseguró.

Arturo Núñez explicó que otro problema es la “deforestación bárbara” que se ha dado en el estado y recordó que, en 20 años, Tabasco tuvo un crecimiento de la ganadería y esto se reflejó con el hecho de haber arrasado con la selva para meter pastizales, desprotegiendo así muchos suelos.

Asimismo, apuntó que no se ha desazolvado al ritmo que se va escurriendo el agua y señaló que en primavera, esa zona se vuelve de “unos playones” que la gente utiliza para ir de vacaciones en Semana Santa, pero en las épocas de lluvias, se vuelven un tapón y hacen que las aguas bajen lentamente.

“En algunas ocasiones, a este azolve acumulado, se agrega el hecho de que, por el cambio climático, la embestida del mar se va comiendo parte del territorio… a veces el mar está por encima de las aguas superficiales y es otro tapón”, manifestó.

El ex gobernador de Tabasco apuntó que hay otro problema que tiene que ver con la intervención humana y explicó que a lo largo de los años se han hecho rompidos que distorsionaron la circulación original de las aguas.

“De los que dañaban a Villahermosa, hay unos que iban de la zona serrana de Chiapas a la costa por Dos Bocas y Paraíso, casi en línea directa, pero desde el siglo 17, hicieron un rompido que lo hicieron comunicarse con el otro gran río, el de la Sierra… al juntarse los dos ríos, se alteró el flujo el agua y las aguas tienen memoria y con el auge petrolero, el poblamiento se incrementó más de lo que resistían las tierras y hubo asentamientos irregulares en zonas bajas”.

A esto, señaló el exgobernador, se han sumado las presas del Mezcalapa-Grijalva, pues en su bifurcación, Conagua hizo la compuerta de El Macayo, que permite cerrar el flujo del agua que corre sobre el rio Carrizal para defender a Villahermosa, pero el caudal se va a la otra bifurcación y perjudica a la llamada olla de la Chontal.

Explicó que el tema de las presas tiene que ver que el caudal del Mezcalapa, que se administra con los 4 vasos reguladores y se van desfogando para pasar de un vaso a otro, pero señaló que el último eslabón es el de la Presa Peñitas, que dijo, es una presa muy chica y cuando se rebasa el su límite, corre el riesgo de reventar, entonces se toma la decisión de soltar agua que llega a la llanura.

Ante la pregunta de cuál sería la solución, Arturo Núñez señaló que se tiene que hacer inversiones millonarias, que permitan obras de control en la sierra, así como la reubicación de las personas que viven en zonas de riesgo.