¿Es el turismo una salida al problema de pobreza de Oaxaca?

El Economista

Ciudad de México. Es un momento complicado para estar en el negocio del turismo en México. Un índice histórico de asesinatos y las advertencias para los viajeros han desanimado a algunos extranjeros. Se espera que la cantidad de visitantes a Quintana Roo, la joya de la industria turística, descienda un 30 por ciento este año, debido a una acumulación tan grande de sargazo en las playas que la marina está ayudando a retirarlo.

El año pasado, la cantidad de visitantes en México aumentó 2.2 millones, su incremento más bajo desde 2013. Justo cuando hay más malas noticias, Andrés Manuel López Obrador, el presidente, ha desmantelado el organismo de promoción al turismo.

Oaxaca, el segundo estado más pobre de México, es una prometedora excepción. La cantidad de extranjeros que llegan en avión a su capital, una joya colonial que también se llama Oaxaca, aumentó un 49 por ciento hasta marzo de este año, un aumento más grande que en cualquier otro lugar.

Es probable que la fama de Yalitza Aparicio, la actriz principal de origen indígena de “Roma”, una película estrenada el año pasado, le otorgue todavía más popularidad a ese estado. Ella es el rostro de este año de la Guelaguetza, un festival de la cultura indígena, el cual termina el 29 de julio.

Este estado del sur no es para todos. D.H. Lawrence, quien pasó tres meses ahí en la década de 1920, pensaba que era “extraño y triste”. Sigue siendo extraño. Los maestros pasan más tiempo en huelga que en las aulas. Las calles están sin pavimentar y el índice de pobreza es del 70 por ciento. Sin embargo, muchos turistas permanecen impávidos. La costa del océano Pacífico de Oaxaca es espléndida para los surfistas (y no tiene sargazo).

El mezcal, un licor conocido en todo el mundo, puede consumirse en los pueblos donde se elabora. Oaxaca, el estado con la mayor población indígena de México, se enorgullece de su creatividad, misma que se expresa en los textiles hilados a mano y en los animales tallados en madera llamados “alebrijes”.

En el pueblo de San José del Pacífico, ubicado en las frías montañas del sur, las cafeterías con menús europeos para el desayuno atienden a multitudes de hippies que llegan en junio, mes en que retoñan los hongos psicodélicos en las colinas cercanas.

Está en construcción un hotel de tres pisos, el primero en esta localidad de una sola calle donde habitan 500 personas. La gente de los pueblos cercanos viene aquí a vender sus artesanías.

El gobierno del estado desea atraer visitantes más adinerados. En 2017, inauguraron un centro de convenciones en la capital. Las personas que asisten a convenciones de negocios ahí se hospedan el doble de noches que los turistas típicos y gastan cinco veces más dinero al día, señala Juan Carlos Rivera, el secretario de turismo del estado. A diferencia de los viajes de placer, que repuntan en el invierno, las convenciones no son estacionales. Rivera espera que se inauguren más hoteles de cinco estrellas junto con los hoteles boutique.

No es muy probable que el turismo haga ricos a los ciudadanos más pobres, quienes viven en poblaciones alejadas de los complejos turísticos y de las ciudades, aunque San José del Pacífico es una excepción. Los turistas tampoco ayudan mucho al presupuesto del estado. El impuesto al valor agregado se canaliza al gobierno federal. Según Alejandro Murat, el gobernador, un impuesto hotelero solo aportará, este año, 50 millones de pesos (2.6 millones de dólares).

No obstante, Oaxaca está haciendo planes para recibir más visitantes. En el aeropuerto se están construyendo más puertas de embarque y un segundo piso, lo que permitirá que haya más vuelos. En 2022, inaugurarán una autopista que va de la capital a Puerto Escondido, misma que se tiene planeada desde 2006. Eso reducirá el trayecto entre los dos lugares turísticos más importantes, de siete horas a 90 minutos, afirma Murat.

Los turistas ya no tendrán que transitar la carretera sinuosa y boscosa donde se asienta San José del Pacífico. Pero para algunas personas, los hongos mágicos seguirán haciendo que valga la pena ese viaje.