Isonomía: Elecciones ¿Ganarán los rudos y violentos?

Alberto Alonso Criollo

Como una convicción aceptada como válida en lo personal pero negada en público; en un amplio espacio del mundo de las prácticas políticas actuales,  se piensa que no hay forma de avanzar si no se juega rudo. Ahí se acepta plenamente que hay que hacer alianzas hasta con el diablo e incluso recurrir a la violencia; si así se posibilita el triunfo. Al fin y al cabo, el fin justifica los medios.

En esa lógica perversa, no pasa nada con la adhesión de personajes señalados por la corrupción,  el crimen y la violencia; al cabo que la sociedad no tiene memoria, capacidad analítica y por tanto no  evalúa la pertinencia ética de los aliados. Sin embargo,  la evidencia empírica de la evolución de preferencias electorales en esta coyuntura histórica, parece que dice lo contrario.

Esa óptica de asociar la inteligencia política con la trampa, la maldad y la violencia,  es solo una cara de la moneda del quehacer político que ha llevado precisamente a quienes lo han practicado por décadas, al fondo o la bancarrota de las preferencias electorales en este momento. Al contrario sucede con quien ha  cultivado el otro rostro de la política, la de la honestidad democrática y la responsabilidad para con la sociedad.

En este caso el mérito mayor lo tiene Andrés Manuel López Obrador que ha labrado un extraordinario prestigio sustentado en una trayectoria política sustentada en la honestidad, la solidaridad con la gente y el respeto de la ley. De ahí su invulnerabilidad, ya no hay forma de afectar un prestigio construido en un ejercicio de toda la vida. La gente le reconoce como ejemplo de jugador técnico.

Tendencialmente, parece que se están construyendo escenarios negativos para los “rudos” y positivos para los “técnicos”. Esto parece que se explica en gran proporción por el escepticismo social que empuja hacia posiciones más críticas. Igual influencia tiene la intensidad de las campañas,  la alta presencia y  el poder de las redes, además de la reconfiguración de los medios de comunicación.

Hay millones de  cámaras telefónicas y  micrófonos operados por  ciudadanos que están decididos a contrarrestar las acciones de “los rudos”  y entonces sucede un fenómeno contemporáneo: se reduce el secretismo  y la opacidad en las prácticas y alianzas políticas.  Por lo demás, el poder de las redes, machaconamente y hasta  con imaginación nos revelan los acuerdos y prácticas perniciosas.

En muchos casos ya es tarde.  Mal para los inocentes que son víctimas de la violencia. Sin embargo, es necesario  recordar estas nuevas lecciones de la evolución de las prácticas políticas; muchos ya pagaron o están pagando su presentación como rudos de la política y  las  alianzas con grupos y actores criminales o de dudosa calidad ética.   En la contraparte, la pulcritud de las prácticas políticas está generando resultados positivos.

Esos excesos están a todos los niveles. Por eso es que no hay forma de que Anaya se quite el estigma de corrupto,  traidor y mentiroso aun entre sus mismos aliados. Por eso tampoco Meade pudo remontar su imagen como coautor del desastre económico y político que vive el país, incluido claro, la complicidad con los actos de corrupción más escandalosos en el país.  “El pueblo se cansa de tanta pinche tranza” dice Andrés Manuel en un video que se ha hecho viral.

Por supuesto que no podemos aún echar campanas al vuelo; estamos al principio de una era en donde la pertinencia ética y el mérito democrático debe ser crecientemente la base de la acción política y social. Pero eso depende de la fuerza colectiva que habrá de impulsar el proceso de transformación  social que se  está gestando en el país, lo cual por cierto es una empresa  de dimensiones colosales.