Hay dinero para muchas cosas, pero no para un Museo: Carlomagno Pedro

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“Se trae de acá para allá al arte popular, se habla pomposamente de él en el discurso oficial, pero a la hora de la verdad, no existe para el arte popular una inyección real de recursos”.

Carlomagno Pedro Martínez, ceramista  y artista plástico, premio Nacional de Ciencias y Artes 2014 en la rama de artes y tradiciones populares, es originario de sepa de San Bartolo Coyotepec, Oaxaca, donde gestó y fundó  el Museo Estatal de Arte Popular de Oaxaca, del que es director desde hace once años.

El artista y funcionario cultural comenta en entrevista  que “es fuerte la lucha contra la ignorancia y la negligencia de las instancias oficiales”.

“A once años de abierto el Museo, este no ha sido remodelado, ni equipado, ni ha habido un trabajo de mantenimiento. Las  mistraciones del gobierno han sido solamente paliativas, no de fondo. Y esto duele”.

Pedro platica que el  Museo tiene goteras, computadoras de hace once años que están todas viruleadas, sin un espacio para imprimir sus propios carteles.

“Fomento Cultural Banamex  está interesado desde hace cuatro años en aportar cinco millones de pesos para la remodelación del museo, pero quiere la contraparte, otros cinco millones de pesos  de parte del  estado, porque a el pertenece”.

“Pero no, no hay dinero, lo hay para muchas cosas, pero no para un museo.”

Carlomagno  Pedro empezó a los cuatro años a trabajar el barro, y a los 15 tuvo una exposición en San Francisco California, en la Galería La Raza.

En 1992 empezó su camino como gestor cultural, empezando a gestionar un espacio que cuenta siempre haberlo proyectado  a escalas que fueran de beneficio para Oaxaca.

“Mi padre y mi madre son ceramistas de San Bartolo Coyotepec, mi padre ceramista autodidacta, mi madre, artesana de barro negro. Así que puedo decir que desde que estaba en el vientre de mi madre ya traía yo un llamado con el barro”.

“Mis padres trabajaron el barro de una manera diferente, no han trabajado ollas, pero si figuras y esculturas”.

Rememora Pedro sobre el origen de su manera de concebir el barro de una manera distinta, centrada en un rasgo que aspira a definir las cosas.

En los ochentas se hizo acreedor a un Premio Nacional de la Juventud, prácticamente en el mismo campo por el que le dieron el premio nacional. Casi treinta años después.

Sobre el futuro de la artesanía  arte oaxaqueña enfrentada hoy a bemoles absurdos como el advenimiento comercial  de los  alebrijes chinos, Pedro formula.

“Los estímulos,  difusión, promoción, comercialización en Oaxaca están en una situación deplorable”.

“Con bombo y platillo se apoya al sector  turístico, que  es el que le da impulso comercial a Oaxaca y que  deja las divisas. Pero la verdad es que hace falta una atención más expedita para el artesano oaxaqueño”.

“Los legisladores no se dieron cuenta del grave daño que le hicieron al sector artesanal al hacerlos pagar impuestos. La  gente que tiene mucho dinero piensa que estamos en el primer mundo, pero la realidad es otra”.

 Pedro declara su admiración por Francisco Toledo, a quien considera “un hombre coherente”, y con quien se identifica en el sentido de que el también, desde su juventud, se dio cuenta que había que tener un lugar para proyectar las artes originarias de nuestro estado.

 “Al ver la situación de cómo estaba todo”, se le interrumpe e inquiere sobre a qué se refiere con ese “como estaba todo”.

“Pues como está ahorita. En enero falleció Isidoro Cruz, maestro tallador de madera, él me prestó un documento de 1972 sobre los problemas que los artesanos tenían para salir adelante en aquella época, y son los mismos que ahorita”.

“En 45 años nada ha cambiado. Sigue la falta de difusión, de proyección. Seguimos necesitando espacios dignos en los cuales la gente pueda valorar un textil o un huipil”.

Carlomagno asegura que el autoconsumo  es la ley que debe regirnos como sociedad y que espacios culturales como los museos  no se abren solo para los gringos o  turistas.

“Se abren para nosotros, para  los que estamos. La idea es que los niños de preescolar , primaria y secundaria aprendan a valorar la artesanía”.

Pedro  abrió en 1996 un primer Museo Municipal Comunitario en San Bartolo Coyotepec, que el 2 de octubre de 2004 terminó convirtiéndose en un museo estatal.

Cuenta que en 1989 viajó al museo de Bellas Artes Mexicanas, ubicado en Chicago, Illinois, abierto por mexicoamericanos  con el deseo de proyectar arte mexicano y chicano y  fundado  a partir de un centro comercial abandonado.

Pedro colaboró con una instalación de día de muertos con barro negro, dándose cuenta de la gran capacidad educativa de este tipo de espacios, del que regresó bajo su declarada influencia.

Ahí conoció a Carlos Tortolero, museógrafo y gestor chicano que en este 2015 lo ha invitado a Reimagina: Encuentro Internacional de Profesionales de Museos, en el Museo de Arte Moderno de  Bueno Aires, Argentina, que se está llevando a cabo del dos al cinco de septiembre, con mesas redondas y ponencias, en la cual el nativo de San Bartolo Coyotepec, ha impartido una charla titulada: Evolución de los Museos Comunitarios  y la Sustentabilidad para la Sociedad .

“Hemos confiado en fundaciones  internacionales para el progreso del museo, la Fundación FOFA – Amigos del arte folclórico de Oaxaca nos ha dado recursos para apoyar a jóvenes artesanos a que no migren de sus comunidades”.

“Hemos hecho que este espacio no sea un elefante blanco. Nosotros no comercializamos, pero si difundimos y conservamos”.

“Hace dos años Wester Union hizo un donativo de veinte mil dólares a FOFA para que pudiéramos hacer catálogos y difusión”.

Pedro sabe que no hay un verdadero eco de desarrollo de las mismas autoridades  gubernamentales que en el discurso pintan al arte como un bien sustentable, pero que en el papel le dan una patada por el culo.

“Hablemos de sueldos,  yo  gano como jefe de oficina no como director general. Estábamos como jefes de departamento, pero por un asunto de austeridad nos bajaron a jefes de oficina desde hace once años”.

Sin embargo , como un signo de que la cosa va con dificultades, pero va, Pedro cuenta que una carta de recomendación de él y el Museo Estatal de Arte Popular de Oaxaca  al Museo Smithsonian, le ayudó al joven artista de Teotitlán del Valle, Porfirio Rodríguez, conseguir una beca que lo mantendrá trabajando por un buen rato.

“Eso habla del lugar en el que el Museo ya se ha posicionado  hacia el exterior, a pesar del abandono de las autoridades”.

Dice Carlomagno Pedro, al mismo tiempo que define al arte popular como un referente en Oaxaca

“Hablar  de Oaxaca es hablar de arte popular. Muchos turistas vienen solo por eso, dejando una gran derrama económica. Ah diario vivimos nuestra cultura”.

“Las comunidades en la Guelaguetza  venden sus chivos y sus animales  para comprarse a duras penas un traje de danzante, para que al final llegue Turismo a decirles lo que tienen que hacer, sin que les toque nada de la derrama económica  que después presumen”.

“Entran secretarios, salen secretarios, pero los mecanismos agrietados y cooptados ya no se mueven”.

El ceramista considera que los museos son espacios que deben estar vivos, “es la proyección que ayuda a la sociedad a revalorar el arte heredado a través de siglos”.

Finalmente respecto a las voces que lo acusan de vitalicio en su puesto de director del  Museo Estatal de Arte Popular de Oaxaca, con once años desempeñándolo, Carlomagno apunta.

“Estoy consciente que nadie es indispensable”.