Fogonero: Cristo hasta en la sopa y en tiempos devaluados

Por Rodrigo Islas Brito

Con el peso devaluándose frente al dólar a pasos agigantados y al que el gobierno federal no termina de devaluar porque eso significaría una fuga de capitales que nos acabaría de colocar a en el inframundo económico, con un presidente en funciones reprobado por el 58 por ciento de los mexicanos declarando que no está para cumplir caprichos al frente de la administración de un país en donde un huevo ya cuesta ocho pesos.

Con el recorte de 135 mil millones de pesos al presupuesto que la Secretaria de Hacienda anuncio para el 2016 que predice una crisis económica que ya está aquí, potenciada por una desazón social plagada de un crimen organizado exacerbado por la complicidad de una clase política que se sostiene por puro reflejo con tal de no perder sus demenciales privilegios.

Con todo esto y más llega nuevamente la semana santa a México y las películas de siempre con Jesucristo como protagonista del amor y a salvación del mundo vuelven a ser el pretexto para que millones de connacionales vuelva a dedicar maratónicas sesiones de su vida a empaparse del mensaje de amor que el Hijo de Dios trajo a la Tierra, al cual crucificaron porque para eso vino.

Cristo hasta en la sopa, constante en esta semana mayor, y la infinidad de películas que tratan sobre sus hazañas, proezas y desventuras, se transmiten en todos lados y a todas horas, lo cual torna a todo en un ejercicio de fe que se antoja algo descomunal.

Desde El mártir del calvario (1952) aquella obra delirante de lo bíblico ceremonioso camp que conmovió a generaciones de mexicanos con el acento español de Enrique Rambal interpretando a un Jesucristo con rulos y eterno rictus de estar recitando el himno a la madre, sumándose un Manolo Fábregas de rebeldía teatral, en su papel de Judas con arracada (a lo Chente antes de Chente), señal de que era un hombre para nada confiable.

También habrá que recordar al increíble Rochón, Enrique Rocha dirigido por Julio Bracho en El proceso de Cristo (1966), que interpreto al Mesías con su voz de locutor de medianoche con un Wolf Ruvinskis que interpretaba a Barrabas, y que hacia parecer la escena donde el pueblo vota sobre a quién de los dos deberán sacrificar, como el punto final de un doble programa de lucha libre.

O el Manuel Ojeda de El Elegido (1977) dirigida por amigo de Luis Echeverría, Servando González, donde Ojeda da vida a un pobre tipo al que eligen como Cristo de Iztapalapa, y que en la interpretación de personaje va encontrando un viacrucis personal que lo llevara a conocer su propia pasión sin maquillaje.

Otros Cristos famosos que se pueden ver en estas fechas, son el de Jeffrey Hunter en Rey de Reyes (1961) el a veces profundo acercamiento que Nicholas Ray hizo a los mitos evangélicos transformando a Barrabas (Harry Guardino) en un caudillo revolucionario judío, y a Jesucristo en un hombre que verdaderamente duda de su posición de cordero para el sacrificio que tanto le han estado recentando.

La más grande historia jamás contada (1965) recuento de la pasión con un look de postal de Hallmark, que presentaba a un Jesucristo de rictus bergmaniano (Max Von Sydow) y un elenco estelar que se perdía entre una cinta demasiado ceremoniosa, donde John Wayne terminaba pronunciando el clásico” en verdad era este el hijo de Dios”, con la convicción de alguien que le terminaba de arrojar la caballería a los indios.

El Cristo rockero de Jesucristo Super estrella (Norman Jewison, 1973) versión cinematográfica de la ópera rock de Broadaway que colocaba a María Magdalena cantando un clásico “No sé cómo amarlo”, ante un Jesús que se la pasaba dando excusas para el compromiso.

El Cristo bucólico de Jesús de Nazaret (1977) la miniserie del lacrimógeno Franco Zefirelli y cuyo Cristo rifa hasta nuestros días como el más galán de la historia hasta el punto de que frente a mucha de la publicidad que conlleva esta semana santa, llámese pendones, programas de mano, carteles, y un largo etcétera, dan ganas de gritar:”¡ese no es Cristo , ese es Robert Powell!”

O el taquillero Mesías de Mel Gibson en La pasión de Cristo (2004) cuyo exceso de sangre, cortaduras abiertas y trancazos llevó a más de una persona a gritar en plena sala “¡ya no le peguen a Diosito!”

También están los Cristos que no aspiran el pago por evento de la idealización bíblica, como el de Willem Dafoe en La última tentación de Cristo (1988) de Martin Scorsese, basada en la homónima novela de Nikos Kazantzakis , y no en los tradicionales evangelios.

Donde Jesús tiene sexo y es feliz con María Magdalena (Barbara Hershey), aunque al final todo es un sueño que el buen Yisus ha proyectado clavado en la cruz y que lo lleva a morir feliz en la cruz contento con su sacrificio.

O el Graham Chapman de Monty Phyton y La vida de Bryan (1979) en donde a un galileo de pacotilla lo confunden con un Mesías a pesar de que él no se cansa de aclarar que no cree en Dios y que quiere fornicar con cuanta mujer se deje.

Es deliciosa a aquella secuencia de los Phyton (Eric Idle, Terry Jones, John Cleese, Michael Palin , el propio Champman y Terry Gilliam) donde las mujeres se ponen barbas falsas para poder insultar y apedrear a otras mujeres.

En fin, que versiones de la vida de Cristo hay para tirar pa arriba, algunas muy ceremoniosas y respetuosas, otras cuestionadoras y con ganas de reinterpretar los evangelios, otras con ganas de ubicar a un Cristo de carne y hueso.

Todas interesadas en explicar a un personaje que siempre resultara de una estatura mítica fascinante, capaz de volverse refugio de esperanza ante un entorno convulsionado por promesas bíblicas que jamás se cumplieron