“Comprueba que me pagaste, mamacita”: Madame de Sullivan

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Alejandra Gil Cuervo era intocable, ninguna sexoservidora se le podía acercar; sólo tenía comunicación directa con las madrotas que controlaban la zona de Sullivan. Como directora de la Asociación Pro Apoyo a Servidoras(Aproase) cobraba cuotas semanales a las mujeres que, contra su voluntad y sin saber para qué era el dinero, daban la aportación.

Marisol pagó durante ocho años la cuota que le pedían; pero cuando acudió a pedir ayuda por complicaciones que tuvo después de una operación de senos en la que le injertaron materiales tóxicos, lo que obtuvo fue un “compruébame que me pagaste, mamacita”.

Fueron cientos de días los que vio pasar sin saber a qué se dedicaba verdaderamente la asociación, hasta que, por uno de sus clientes, leyó un libro en el que mencionaban el nombre de Alejandra Gil y sus labores, aparentemente, en favor de las mujeres que rondaban las esquinas buscando clientes.

La joven víctima de trata, ya libre, decidió denunciar a Gil Cuervo en 2013, y con ello provocar una investigación en torno a la “Madame de Sullivan”.

El pasado 19 de febrero, EL UNIVERSAL publicó que Alejandra Gil cobraba 25% de cada servicio que las mujeres ofrecían en la calle de Sullivan; el resto era entregado a Saúl Herrera Soriano, quien purga una condena de 40 años de prisión por el delito de trata.

“Era de otro nivel”

En agosto pasado, este diario contó la historia de Marisol, una mujer a la que raptaron cuando se encontraba cerca del Metro Chapultepec y se dirigía a su natal Michoacán.

Durante 17 años fue forzada a ejercer el sexoservicio, primero en la Merced y después en Sullivan. Fue ahí donde conoció a Alejandra Gil, quien no se acercaba a quienes eran víctimas de trata.

“En los recorridos que nos dieron por años, yo nunca vi que se prostituyera, era la par de las representantes. La señora Soledad (una de las madrotas de la zona) nos la presentó como la representante de la asociación Aproase; pero ella nunca nos dijo que era de una asociación. Nunca nos explicaron de qué era la asociación o a dónde iban las cuotas que nos pedían”, recordó.

Las “aportaciones” eran de entre 100 y 150 pesos que eran dados por 10 grupos de sexoservidoras, de 30 mujeres cada uno, aproximadamente. Además de pasar a cobrar las cuotas a bordo de camionetas de lujo, Gil Cuervo era madrota del primer cuadro de Sullivan.

No solamente tenía contacto con padrotes y madrotas, Alejandra Gil también tenía contacto con funcionarios de la delegación Cuauhtémoc, quienes le avisaban cuando harían operativos, dijo Marisol.

“Enséñame recibos”

Durante varios años, Marisol enfrentó infecciones por las operaciones en senos y piernas, mismas que le aplicaron con el pretexto de que debía tener “una buena imagen para dar servicio”.

Pasó de hospital en hospital con tratamientos. En 2007, mientras estaba hospitalizada, una mujer le preguntó si estaba inscrita en alguna asociación para que esta le ayudara con su problema de salud. Fue cuando recordó las cuotas que daba a la Aproase.

Acudió directamente con Gil Cuervo para solicitar ayuda, pues su estado de salud era delicado y, además, la merecía, a juzgar por el dinero que daba los sábados.

“En 2007 me acerqué a ella a pedirle ayuda, porque recuerdo que yo pagaba esa asociación y sin embargo fue negativo su apoyo.

“Me dijo ‘enséñame recibos de que tú estabas aportando’. No nos daban recibos, éramos obligadas a pagar esas cuotas”, explicó.

Después de ese año, Marisol escapó y se dedicó a cuidar su salud. Encontró el libro del que le había hablado aquel cliente que la puso al tanto de la asociación de Gil.

Fue así que, en julio de 2013, acudió al Ministerio Público para denunciar a Aproase.

En el MP le advirtieron que era mucho el tiempo transcurrido desde que ella había huido de la red de trata; sin embargo, confía en que Gil tenga un castigo equivalente a sus acciones.

Solicitó se aclare en qué ocupó el dinero que recibió todos los sábados durante más de ocho años.

“Que diga en dónde está ese dinero. Yo no sé de cosas legales, pero si algo tiene que ver ella que lo pague, porque yo lo necesité, fue necesidad de salud, de que me ayudaran, y no lo hicieron”, explicó Marisol en entrevista.