El Aeropuerto, un lugar seguro

Por lo menos dos convoyes vacíos y repletos de militares pasan frente a las rejas del aeropuerto, decenas de vehículos de asaltos, de carga, jeeps, tráiler, transitan a través de la carretera del Tequio, la unidad deportiva que está pegada al aeródromo.

16 mil 500 elementos, entre soldados y federales han sido enviados a Oaxaca para garantizar las elecciones federales del domingo, todo después de que la magisterial sección 22 se mantuvo en campaña una semana para boicotearlas y tomara las instalaciones aeroportuarias en su intento.

Destacamentos de militares y policías federales de la gendarmería nacional son cazados por chicas jóvenes que venden piedrazos, raspados y nieves en sus triciclos, a través de la reja que une a la unidad deportiva con el aeropuerto.

A unos metros de la pista de aterrizaje, con un avión de la policía federal haciéndoles escenografía, un destacamento de soldados son arengados por un comandante, cuando me acercó a tratar de escuchar de que se trata la arenga, un soldado con fusil en mano pone ojos de mejor sigue tu camino.

Tras algunos intentos, finalmente logro traspasar la reja de entrada del aeropuerto de Oaxaca, el personal de seguridad del lugar me dice que vaya directo a administración. Camino y veo a grupos de policías de la gendarmería nacional flanqueando ambos lados.

Un grupos de mujeres armadas y con uniformes que dicen Policía Militar me observan con extrañeza, y yo solo me digo, “no las mires, no las mires”.

Tres diferentes personas de seguridad del aeropuerto me conducen a su interior, afuera hay camionetas de la Gendarmería y un nutrido grupo de policías federales con toletes acampa a las afueras.

Ya en la administración, la persona que me recibe que me pide no ser identificada, comenta que no hará declaraciones pues los momentos actuales “son muy álgidos”, y asegura que las corridas y las llegadas comerciales son normales y seguras.

Le pregunto que opinan los pasajeros al llegar a un aeropuerto donde policías federales uniformados armados caminan, desayunan y platican, el funcionario me dice que puedo ir abajo a preguntarles y tomar fotos del lugar.

Lo hago, me parece lógico fotografiar a tres policías federales ya cincuentones con tipo de ser los jefes, que desayunan y platican a placer en el restaurante del lugar.

Me equivocó, cuando volteo un policía federal medio calvo que no se identifica me dice que que estoy haciendo, que porque no respeto la privacidad de los policías.

“¿Qué sentirías si yo llegara a amedrentarte con una cámara?”, me dice el poli y acto seguido me toma una foto.

Cuando me fijo un grupo de hombres robustos en camisa blanca, que podrían ser pilotos o algo que no puedo definir, pero que seguramente ellos no me van a explicar, me miran al unísono.

Detrás de ellos otros tres federales con armas y personal de seguridad también me están mirando.

El amedrentamiento surge efecto, el poli calvo que me ha increpado se pone amable y me pregunta que como veo la situación.

“¿Del país?” le pregunto nervioso mientras dos policías federales con cara de veteranos se aparecen por la puerta con fusil en mano y le preguntan “¿si ya se arregló todo?”

El responde que sí y yo no puedo dejar de pensar que al que había que arreglar era a mí. Una vez afuera el poli calvo se da media vuelta y ni siquiera se despide.

Justo en ese momento me entra una llamada al celular y es un amigo que me llama para preguntarme si es cierto que hoy va a haber ley seca. Le pregunto nimiedades con la intención de que me siga hablando.

Detrás me sigue una poli del aeropuerto y más atrás un poli de la gendarmería, camino el largo trecho que separa al aeropuerto de sus rejas que se me hace aún más largo.

Una vez afuera mi amigo por teléfono me dice que me oigo extraño.

“Luego te hablo” le respondo y le cuelgo con el espíritu agitado.

Una hora después estoy entrevistando a un funcionario del Instituto Nacional Electoral (INE) en Oaxaca, me pregunta que de dónde vengo y cuando le digo que del aeropuerto, su cara se ilumina y me pregunta si es un lugar seguro.

“Lo que pasa es que hoy llega mi hija de la Ciudad de México”

“No va a encontrar en Oaxaca un lugar más seguro.”

Le respondo.

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