Federico Ceruti
El país perdió más de 700 mil empleos en enero, pese a registrar una tasa de desempleo de
2.6%, la más baja de la OCDE.
México inició 2026 con un dato que lo posiciona en lo más alto del ranking internacional en
materia de empleo: una tasa de desempleo de 2.6% en enero, la más baja entre los países
de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE).
El número,
difundido por la Secretaría del Trabajo y Previsión Social (STPS), ubica al país por debajo
de economías como Japón, Corea del Sur, Estados Unidos y Canadá, en un contexto donde
el promedio del organismo ronda el 5%.
En ese sentido, el bajo nivel de desocupación convive con una estructura laboral que
presenta contrastes marcados. Según la Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo
(ENOE), México cerró el cuarto trimestre de 2025 con casi 60 millones de personas
ocupadas y una tasa de desempleo de 2.5%, prácticamente sin cambios respecto al año
anterior. Esto confirma que el país mantiene una elevada capacidad de generar ocupación;
Sin embargo, el dato pierde fuerza cuando se observa la calidad de esos empleos y las
condiciones en las que se desarrolla buena parte del trabajo en el país.
El principal rasgo estructural del mercado laboral mexicano sigue siendo la informalidad.
Más de la mitad de las personas ocupadas, alrededor del 55%, trabajan fuera de esquemas
formales. Esto implica que cerca de 32 millones de trabajadores no cuentan con seguridad
social ni acceso a prestaciones básicas como atención médica, aportes jubilatorios o
licencias laborales. En otras palabras, el empleo existe, pero una parte importante se
desarrolla en condiciones de vulnerabilidad y sin garantías de estabilidad.
Esa diferencia se vuelve más evidente al comparar el universo de ocupados con el empleo
formal registrado.
En tanto, la población ocupada se acerca a los 60 millones de personas,
los puestos afiliados al Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS) rondan los 22 millones.
La brecha no es nueva, pero sigue siendo uno de los principales desafíos del mercado
laboral, ya que refleja que una gran proporción de trabajadores queda fuera de los sistemas
formales de protección.
Ahora bien, el arranque de 2026 mostró algunos cambios relevantes que complejizan el
panorama. En enero se registró una pérdida de poco más de 700 mil empleos respecto a
diciembre, en línea con ajustes estacionales habituales, aunque con una magnitud que
llamó la atención. Parte de esa caída se concentró en el empleo formal, que retrocedió de
manera significativa en el primer mes del año, lo que refuerza la idea de una fragilidad en
ese segmento.
Al mismo tiempo, la informalidad volvió a ganar terreno. La tasa se ubicó en 54.9% en
enero, por encima del nivel registrado un año antes. Esto implicó que unos 32.7 millones de
personas trabajaran en condiciones informales. En paralelo, la tasa de participación
económica descendió a 58.5%, lo que sugiere un menor dinamismo en la incorporación de
personas al mercado laboral o incluso un cierto desaliento en la búsqueda de empleo.
Otro de los cambios observados en enero fue en la composición del empleo. El primer mes
del año, el número de trabajadores por cuenta propia aumentó en 448.444 personas,
mientras que los trabajadores subordinados y remunerados disminuyeron en 547.793.
En cuanto a los ingresos, los datos muestran un corrimiento hacia niveles más bajos.
Crecieron los puestos con remuneraciones de hasta un salario mínimo y disminuyeron
aquellos con ingresos más altos. Este movimiento no solo habla de la cantidad de empleo
disponible, sino también de su calidad, y sugiere que una parte del mercado laboral se está
reconfigurando hacia esquemas de menor ingreso, donde incluso el recurso a préstamos
personales aparece como una alternativa cada vez más frecuente para sostener el consumo
o cubrir gastos básicos.
En la comparación anual, los sectores con mayor crecimiento en el empleo fueron la
construcción, con 276.000 personas adicionales; los servicios diversos, con 223.000; y el
transporte y las comunicaciones, con 123.000. Por el contrario, la agricultura perdió 271.000
empleos y el comercio redujo su plantilla en 120.000 trabajadores. Los servicios
profesionales y financieros también registraron una caída cercana a 78.000 puestos.
Las diferencias por género también forman parte del escenario. Durante enero, la pérdida
de empleos afectó en mayor medida a los hombres en términos absolutos, aunque el
empleo femenino mostró cierta capacidad de recuperación en algunos segmentos. Aun así,
la informalidad se mantiene elevada tanto para hombres como para mujeres, lo que limita el
impacto positivo de estas variaciones.
Este desempeño del mercado laboral se da en un contexto económico moderado. Las
proyecciones de la OCDE anticipan un crecimiento del Producto Interno Bruto de 1.4% para
2026, una tasa considerada baja frente a otras economías. Este menor dinamismo
económico limita la capacidad de generar empleo de calidad y condiciona las perspectivas
de expansión del mercado laboral.
A esto se suma un entorno fiscal más restrictivo. El déficit público alcanzó el 5% del PIB en
2024, lo que llevó al gobierno a implementar una política de consolidación fiscal con el
objetivo de reducirlo en los próximos años. Este ajuste ha implicado recortes en la inversión
pública, particularmente en áreas estratégicas, lo que también puede incidir en la
generación de empleo.
En este escenario, el mercado laboral refleja esa combinación de factores: una base amplia
de ocupación, pero con tensiones en la calidad del empleo, una informalidad persistente y
un entorno económico que no impulsa un crecimiento acelerado.
Proyecciones de empleo formal en 2026
En medio de esto, algunas expectativas de contratación muestran señales de mejora en
- Para el segundo trimestre, la Tendencia Neta de Empleo alcanzaría el 41% y, hacia el
cierre del año, México podría sumar entre 150 mil y 250 mil nuevos puestos formales, de
acuerdo con la Encuesta de Expectativas de Empleo de ManpowerGroup.



