En Oaxaca hay demandas que logran detener carreteras, cerrar oficinas, llenar plazas y movilizar a miles de personas. Hay causas que en cuestión de horas generan consignas, asambleas, plantones y presión política. Y luego están otras que no merecen la atención magisterial: las agresiones sexuales de docentes.
La Sección 22 inició un nuevo paro indefinido que dejó sin clases a más de 800 mil estudiantes cuando el ciclo escolar entra en su etapa final. Otra vez las calles se convierten en escenario de protesta y otra vez miles de familias deben reorganizar su rutina mientras esperan el regreso a las aulas.
El argumento es conocido: defensa de derechos, exigencias laborales y mejores condiciones para la educación pública. Pero justo cuando esa narrativa vuelve a dominar la agenda, aparece una realidad incómoda.
A cientos de kilómetros de los discursos y las movilizaciones, tres madres de familias mixes continúan exigiendo algo mucho más elemental: justicia para sus hijas, niñas de entre 8 y 9 años de edad.
Ha pasado un mes desde que denunciaron presuntas agresiones sexuales contra tres alumnas de tercer grado de la primaria “María Lombardo”, en la región Mixe. Las madres denuncian lentitud en las investigaciones y reclaman la detención del profesor señalado, Félix Merino, quien, aseguran, sigue sin enfrentar consecuencias judiciales.
Y es ahí donde surge una pregunta inevitable: ¿qué ocupa realmente el centro de las prioridades?
Porque mientras miles pueden movilizarse para exigir demandas sindicales, tres madres siguen luchando prácticamente solas para que una denuncia que involucra a niñas no se pierda entre expedientes y tiempos burocráticos.
Nadie cuestiona el derecho a protestar. Pero también resulta válido cuestionar el contraste. La educación no puede reducirse únicamente a salarios, mesas de negociación o pliegos petitorios. La educación también implica garantizar que las escuelas sean espacios seguros para quienes están sentados del otro lado del escritorio: los estudiantes.
Al final, mientras Oaxaca vuelve a escuchar consignas y ver bloqueos, hay tres madres que siguen esperando algo que parece más sencillo, pero que a veces tarda demasiado: justicia.
Para el magisterio oaxaqueño es más importante salir a gritar ¡ El paro, el paro, es culpa del Estado ! que atender el justo reclamo ¡ Las niñas y los niños no se tocan !.
No es cuestión de principios, el bolsillo de cada maestro es la prioridad.



