La falta de vigilancia efectiva volvió a quedar en evidencia en las riberas del río Atoyac, donde el exterior de una sucursal de Mini Abastos amaneció este día cubierto de basura arrojada durante la noche.
De acuerdo con testimonios de vecinos, personas a bordo de vehículos llegaron al lugar y, sin reparo alguno, descargaron desechos sólidos en plena vía pública, transformando la zona en un tiradero clandestino.
Lo que indigna a los habitantes es que en el sitio opera una cámara de videovigilancia vinculada al C2, supuestamente conectada con los cuerpos policiacos.
Sin embargo, ninguna autoridad intervino para evitar la falta administrativa ni se observó reacción posterior para sancionar a los responsables.
“El problema no es solo la gente que tira la basura, sino la ausencia de consecuencias. Si hay cámaras y aun así no pasa nada, el mensaje es claro: aquí se puede contaminar sin castigo”, reclamó un vecino de la zona.
Además del impacto visual, los residuos representan riesgos sanitarios y ambientales, al encontrarse a escasos metros del cauce del Atoyac, un río ya severamente afectado por la contaminación.




















