La Tenaz Guerra de Desirée Rivera

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Por Rodrigo Islas Brito

Desirée Rivera canta, danza, llora, grita, reclama, se conmueve y enfurece. Juega con un par de machetes que simbolizan la orfandad de una realidad de sangre inevitable. De orfandad y abandono.

¡Por favor, Cristo de Esquipulas! es el nombre del monólogo de cuarenta minutos que la actriz originaria del Distrito Federal presentó hace unas semanas en un escenario de la Ciudad de las Canteras de Oaxaca capital.

“Es un historia familiar en dos sentidos, uno porque es la historia de mi bisabuela, y dos porque el tema de la barbarie y la violencia hoy es un tema familiar para todo el mundo”.

En esta pieza (pensada como un monólogo para desarrollarse en espacios escénicos no convencionales, tales como cafeterías, museos y bibliotecas) Desiré se ayuda de las más pequeñas cosas, una silla, una cama de pétalos, un listón que sirve para sujetarse de nada, para ir construyendo a ritmo lento y de vértigo la historia de Petrona Farrera, su bisabuela, a quién el remolino de la Revolución Mexicana la llevo a perder todo lo que un día había amado.

“Mucha gente que ha ubicado a la historia en distintos tiempos, espacios y lugares, y se entiende porque la orfandad que trae la barbarie es una cosa universal. Las guerras en todos lados destruyen, aniquilan, te borran. Aquí el sentimiento de zozobra es absolutamente universal”.

La actriz y hoy dramaturga cuenta que este Cristo de Esquipulas se fue gestando en el momento en el que estaba buscando edificar un proyecto de creación para la beca de artes escénicas del FONCA.

“Quería concebir una pieza que estuviera relacionada con mi voz, con mi música, con mi cuerpo”.

Para ello Rivera acudió a la historia familiar que le había sido transmitida por su abuela, originaria del Istmo de Tehuantepec, de quien la entrevistada cuenta que heredó la vena artística pues “le encantaba contar historias y lo hacía muy bien”

“Escribí un cuento que guarde muchos años. Cuando vino la convocatoria del FONCA, lo rescate y empecé a visualizar el crear algo más grande y mucho más personal”.

“Porque para mí, la verdad es que no hay nada más personal que hacer teatro”.

Egresada del diplomado de Casa del Teatro, con diez años en las tablas bajo la dirección de talentos como Raúl Zermeño o Mauricio Pimentel, Rivera ha actuado lo mismo en cortometrajes, que en series de televisión, que en algunas películas

“A los doce años en la secundaria un maestro me preguntó a que quería dedicarme y yo sin más le dije que quería ser actriz. No sé de dónde saque eso, solamente sabía que me gustaba”.

Desirée cuenta que sus hermanos son artistas visuales, que su padres es ingeniero y que su madre es contadora. Razón que llevó a que sus progenitores se preguntaran que habían hecho tan mal como para que todos sus herederos les salieran artistas.

Entre risas, la entrevistada reconoce cierta razón en la preocupación de sus padres.

“El maestro Luis de Tavira dijo una vez que le parecía coherente que los padres de los actores se preocuparan tanto por sus hijos, ya que en México la situación para la cultura y el arte es precaria, sin ninguna red de seguridad”.

Rivera debutó en el cine en el 2006 en El malogrado amor de Sebastián, de Jaime Humberto Hermosillo, a la que siguieron pequeños roles en cintas como Corazón marchito , de Eduardo Lucatero, o Chamaco , de Miguel Necoechea .

La actriz destaca especialmente un cortometraje que ha filmado hace unos meses, La sangre no se seca, de Ricardo de Córdova, que ha ganado ya algunos premios en festivales de filmes independientes , y que cuenta la violenta e iniciática historia de un abuelo machista que mata a un hombre para enseñarle a su nieto como debe comportarse un mexicano .

De vuelta a ¡Por favor, Cristo de Esquipulas! , Rivera da cuenta de que tomó talleres de perfeccionamiento actoral, pues considera que “los actores debemos estar en un constante autoconocimiento y entrenamiento”.

También estuvo en talleres de dramaturgia con la intención de darle forma a su primera creación dramatúrgica, donde conto con la con la asesoría de un emergente de lujo, el renombrado dramaturgo español José Sanchis Sinisterra.

“Me siento muy afortunada, yo nunca pude ir a España. Así que le mande un mail a la persona que trabaja con Sinisterra , y él aceptó conocerme y convertirse en mi asesor, nos vimos y trabajamos juntos durante una de sus visitas a México para montar una obra de teatro para la Compañía Nacional”.

La actriz recuerda que el marido de su bisabuela Petrona se unió un día a los rebeldes, y ya no se le volvió a ver.

“Ella, como lo planteo en la obra, lo buscó por todos lados. Pasaron seis años y tuvo un hijo de un señor que la ayudó en ese trance. Un día él regreso sin una pierna y ella le hizo prometer que se irían al día siguiente con sus hijos. Lo que vino al día siguiente fueron unos encapuchados que llegaron al pueblo y ejecutaron a su esposo frente a sus propios ojos”.

El monólogo teatral de Desirée Rivera González cuenta la historia de una mujer que nació y creció en la guerra, que tuvo que acostumbrarse a la idea de sobrevivirla todo el tiempo, con sus hijos, con sus sueños, con sus deseos, con sus santos que no la oyen más que cuando de cantar su desgracia se trata.

“Todo aprendemos a sobrevivir tarde que temprano en las circunstancias más brutales. Míranos en este país, con fosas clandestinas y verdades históricas que se caen con la imagen de un satélite”.

Desirée Rivera se pronuncia con su Cristo de Esquipulas por un teatro que se ambicione simétrico con la realidad de un país de una convulsión cada vez mas desproporcionada