No hemos sabido contar Oaxaca: Víctor Armando Cruz Chávez

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De familia de músicos (y músico también por derecho propio), absoluto seguidor de la literatura de Julio Cortázar del que se declara especialista sin dudarlo, autor de libros en los que siempre se ha ocupado de establecer un exquisita relación con el lenguaje, Víctor Armando Cruz Chávez habla sobre la literatura oaxaqueña y los canales que la ignoran, la revientan y la forman.

“Hoy veo que hay mucho escritor, mucho poeta, pero muy pocos son los que se dedican a escribir. ¿Dónde están las obras? ¿Los productos? Buscan más la presencia social que un verdadero compromiso con lo que escriben”.

Víctor comenzó tomando talleres literarios a los 19 años con Carlos Montemayor y Sandro Cohen, en momentos en los que la Casa de la Cultura Oaxaqueña se daba a la tarea comenzar con proyectos de publicaciones pequeñas, sencillas, editadas en papel cartoncillo, con colecciones como Tortuga Transparente o Tortuga como agua de jade.

“Después de José Vasconcelos y Andrés Henestrosa hay una pausa de décadas en la literatura oaxaqueña donde hubo escasos poetas y narradores que lograron realmente cimentar una propuesta”.

Afirma Víctor Armando asegura que resulta excelente que se hayan abierto en Oaxaca vías donde la literatura se socializa y proliferan encuentros literarios, ferias de libros y esfuerzos independientes como el Festival Abasto de letras, llevado a cabo cada año en la populosa Central de Abastos.

Anatomía del silencio, Estaciones sobre la piedra dormida, La tinta y el dédalo, Confesiones del escribano e Hijos del Caos son los libros por los que Cruz Chávez ha transitado por diversos géneros narrativos, siendo el cuento aquel en el que el escritor ha encontrado su mayor sinergia.

“El ambiente de Oaxaca está saturado de cultura y eso es muy sano para un escritor” explica Cruz Chávez, y abunda sobre las bibliotecas y los centros culturales que en la ciudad facilitan los cambios de conciencia de los más jóvenes “ Existe un dialogo muy amplio y muy permanente sobre nuestra realidad”.

Sin embargo, Víctor señala la asignatura pendiente que los escritores oaxaqueños tiene para con su entorno inmediato .

“No hemos sabido contar a Oaxaca, narrarla. En la poesía, veo a los poetas oaxaqueños en un monologo, gravitando en el yo. No han sabido dar el paso para establecer un verdadero dialogo con la poesía”.

“A los narradores nos ha faltado mover el rostro hacia lo que pasa en Oaxaca, que es una sustancia muy narrable. James Joyce volvió lo ojos hacia su propia tierra porque ahí estaba la substancia humana sobre la que podía escribir”.

Sobre porque todavía no hay una gran novela sobre el conflicto social del Oaxaca del 2006, acontecimiento que en su momento encapsuló sumariamente la vida de todos los que vivieron en él, el escritor responde.

“La historia se tarda un poco en ser digerida, las generaciones demoran un rato en comprenderla y la literatura aporta elementos para esa comprensión, para asimilar nuestra historia reciente. Somos un ente lleno de espejismos como la sección 22”.

Se ´produce literatura en Oaxaca, ¿pero dónde se difunde? Víctor comienza por el principio, la Secretaría de las Culturas y las Artes de Oaxaca.

“La SECULTA tiene una trabajo editorial plagado de errores, que no está a la altura. No ha sabido o no ha querido hacer una promoción real de los libros que publica”.

Sobre Almadia, la editorial independiente surgida en Oaxaca y que cada año organiza una Feria Internacional del Libro desde Oaxaca, y cuyo trabajo con escritores oaxaqueños se reduce a dos antologías a los que Cruz Chávez les ha dado ya en entrevistas anteriores la calidad de paliativos (“para que calmarnos, para mantenernos tranquilos”) Víctor comienza por lo que el considera el principio.

“Almadia se reduce a un nombre, que es Leonardo Da Jandra, quien no tiene una buena relación con mi generación. Dan Jandra está en una falta de entendimiento, y él quiere hacer una tabla rasa y decir, a partir de lo que yo hago empieza la literatura oaxaqueña y para atrás no hay nada.

“Almadia es una empresa privada y pueden hacer con su lana lo que quieran. Pero en la parte de la literatura oaxaqueña considero que por lo menos debería de haber una apertura”.

Víctor reconoce en las personas y en los libros de Manuel Matus, Jorge Pech, Guadalupe Ángela, Israel Castellanos, Fernando Montes de Oca y Víctor Quintas, una literatura de edades dispares, pero de búsqueda y de gran calidad.

“Oaxaca necesita de sus escritores para establecer el análisis y la crítica constante de una sociedad enmarañada en conflictos que nos conducen a un complejo cuello de botella histórico provocado por los intereses, no siempre legítimos, de grupos que se han constituido como poderes fácticos”.

Finalmente sobre él porque escribe, Víctor se lo adjudica a su propio desierto.

“El vacío es parte fundamental de la condición humana. Escribo para crearme la ilusión de que lleno ese vacío”.

Vacíos o desiertos menos, Víctor Armando Cruz Chávez sigue inventando e imaginando sus propios cronopios.