| Un estudio liderado por la UOC apunta que los riesgos fiscales y climáticos están muy relacionados, y señala la calidad institucional como elemento clave para mitigarlosLa investigación concluye que adaptarse a la nueva realidad climática no implica necesariamente desestabilizar las cuentas públicas El cambio climático amenaza la estabilidad macroeconómica y fiscal de los países. Solo los fenómenos meteorológicos extremos potenciados por el calentamiento global le cuestan al mundo 143.000 millones de dólares cada año. Sin embargo, las medidas de mitigación y adaptación al cambio climático también pueden suponer un riesgo para la estabilidad fiscal, especialmente para los países emergentes y de bajos ingresos, en los que la limitada capacidad de gasto público también los hace más vulnerables a los eventos extremos. ¿Pero cómo se relacionan entre sí los riesgos climáticos y fiscales y, sobre todo, cómo pueden mitigarse?Una investigación liderada por Jorge Mario Uribe, coordinador del grupo de investigación Finance, Macroeconomics and Management (FM2) y profesor de los Estudios de Economía y Empresa de la Universitat Oberta de Catalunya (UOC), en la que también participa Helena Chuliá, investigadora de la Universidad de Barcelona, profundiza en esta compleja relación y analiza cómo pueden retroalimentarse los riesgos fiscales y el cambio climático.”El estudio señala que los riesgos fiscales y climáticos están muy relacionados y se amplifican por razones relacionadas con la calidad institucional de los países. Pensar en ellos como riesgos independientes es un error y podría llevar a subestimarlos”, señala Jorge Mario Uribe. “Esto es crucial en el contexto actual, ya que es necesario coordinarse a escala internacional para que el poco espacio fiscal de los países más vulnerables no conlleve un retroceso general en la lucha contra los efectos del cambio climático”, añade.Cambio climático, cuentas públicas y calidad institucionalEn busca de respuestas, el paper, publicado en abierto en el European Journal of Political Economy, analiza la relación entre la inversión en adaptación al cambio climático y la necesidad de mantener la estabilidad fiscal de los países con el fin de evitar las crisis de deuda y las tensiones presupuestarias. La pregunta central de la investigación es si invertir en adaptación aumenta el riesgo de crisis fiscal o si los dos objetivos pueden avanzar a la vez. Para el análisis, los autores han estudiado los datos de 172 países correspondientes al período entre 1995 y 2020 combinando indicadores de vulnerabilidad climática, preparación ante eventos extremos, calidad institucional y deuda pública, entre otros.Uno de los hallazgos más importantes del estudio es que adaptarse al cambio climático no implica necesariamente desestabilizar las cuentas públicas. Es decir, no existe un conflicto estructural entre ambas metas. Eso sí, para que la inversión en medidas de adaptación no afecte a la estabilidad fiscal,deben darse ciertas condiciones. “La calidad institucional es un factor decisivo tanto para la estabilidad fiscal como para la preparación frente al cambio climático”, explica Uribe, investigador adscrito al Centro de Investigación en Transformación Digital y Gobernanza (UOC-DIGIT). Así, los factores de gobernanza y calidad de las instituciones, como el control de la corrupción, la estabilidad política, la calidad regulatoria o la capacidad administrativa, son clave. |



