UNA AUSTERIDAD SIN NÚMEROS

Alex Hernández

“No existe la suerte. Solo hay preparación adecuada o inadecuada para

hacer frente a una estadística.”-Robert Heinlein

La austeridad no ve quien se la hizo, sino quien se la pagará. Siempre he sido de los que piensa que ahorrar es un buen hábito que todos deberíamos tener, sin embargo, el ahorrar siempre debe conocer sus límites, ya que a veces intentar economizar en ciertos aspectos sencillamente es contraproducente.

Tras la reducción del presupuesto al INEGI parece ser que al gobierno federal le interesan poco los datos duros, las cifras que demuestren los avances o retrocesos de este sexenio; al final de cuentas la fuente a citar en los próximos años serán las entrevistas mañaneras del mismo presidente de la república que como antiguo escribano, dan fe de los números que retratan esta precaria realidad, vociferando datos a su conveniencia y desprestigiando cualquier otro que lo contradiga.

¿A quién le interesa una encuesta de cohesión social para la prevención de la violencia y la delincuencia si tenemos en miras una Guardia Nacional que podrá soltar catorrazos cuando alguien se salte las trancas de cualquier constitución moral que se improvise durante esta gestión? ¿Para qué invertir en una “inútil” encuesta que arroje cifras sobre el trabajo infantil si sabemos que a partir de la percepción de los estímulos a los famosos Ninis ningún menor tendrá que trabajar ni ser explotado? ¿Qué país necesita un estudio de consumidores de sustancias psicotrópicas en su población cuando la ciudadanía es “buena y sabía”, lo suficiente para jamás consumir algo que dañe a su organismo?

Durante mi etapa universitaria mi asesor de tesis me repetía continuamente que la recaudación de datos y cifras sustentan el trabajo de cualquier estudiante, que bajo el respaldo de números e información verificable se presentan los argumentos necesarios para solventar la hipótesis de mi estudio y dar conclusión al problema expuesto en un comienzo. Parece ser que mi asesor de tesis debió de formar parte del gabinete de esta administración que funge más como aplaudidor que como garante de la gobernanza. Digo, no para reprender a nuestro mandatario -como sí lo hizo conmigo-, sino para que de vez en cuando le recordara que economizar en proyectos como los realizados por el INEGI no significa dosificar gastos, sino repeler acciones de prevención que a la larga podría salir más barato.

Parece ser que a la austeridad le faltarán números, aquellos que fortalezcan la credibilidad, garantizando que lo que se sale a decir en una conferencia de prensa no son puras falacias. Cifras que en un comienzo creen un método de ataque a las problemáticas sociales, generando sistemas de previsión y que, a la hora de entregar cuentas, existan mediciones concretas de los avances o lagunas que se tendrán que fortalecer para una segunda ronda. Porque, querido presidente, a sabiendas de su autoridad moral, le anticipo que a mí me hable con sustento numérico, con datos duros. Ya que a un servidor le enseñaron que al final de cuentas, “papelito habla”. /Política Clandestina.