Viernes, 18 Mayo 2012

RIOaxaca

Detener el distribuidor vial y derribar el patrimonio cultural de la humanidad

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Hace unos días un grupo de ambientalistas entre los que se encuentran urbanistas, arquitectos y escritores, encabezados por el artista plástico Francisco Toledo, demandó al gobernador de Oaxaca, Gabino Cué, cancelar la construcción del primer distribuidor vial en la capital del estado y le plantearon una obra alterna.


 

 

Los inconformes e integrantes del Patronato en Defensa del Patrimonio Natural y Cultural del Estado de Oaxaca (Pro-Oax) censuraron que el Ejecutivo estatal aliancista emule los logros del gobierno de Marcelo Ebrad, en el Distrito Federal, para imponer de manera arbitraria soluciones de corto plazo a los problemas oaxaqueños.

 

Según ellos “Oaxaca no es el DF y no requiere de primeros pisos para enfrentar sus conflictos de vialidad, evidenciando que el desarrollo sustentable, el respeto del medio ambiente y la sustentabilidad deben ser parte de una políticas transversal de un gobierno democrático”, declaró Toledo.

 

El pintor Francisco Toledo se dice estar dispuesto a reunir fondos mediante una subasta para buscar hasta 3 millones de pesos y financiar el estudio alterno.

 

Por otro lado el funcionario encargado de la obra aclaró que no se trata de primeros pisos, sino de un paso a desnivel de altas especificaciones, semejante a los que se han construido en Ciudad de México, Monterrey, Puebla, San Luis Potosí y Jalisco para agilizar el tráfico vehicular. La obra busca aliviar el tráfico de 84 mil vehículos y calculan que beneficie a 7 mil peatones.

 

Mediante tres cartas Francisco Toledo, el Patronato Pro-Defensa y Conservación del Patrimonio Cultural y Natural del Estado de Oaxaca e integrantes de los colegios de Arquitectos y de Ingenieros, pidieron a Gabino Cué y a Luis Ugartechea reconsiderar la construcción del Distribuidor Vial de Cinco Señores.

 

Asimismo, se mencionó en las misivas, que se debe considerar la ejecución de esta obra dentro de un plan maestro de movilidad de la zona metropolitana.

 

El asunto es interesante, los argumentos de los artistas no son del todo descabellados: uno de ellos es que el gobierno actual, del cambio, no debe de hacer obras públicas sin consultar a la ciudadanía, según el pintor, eso sucedió, a nadie le consultaron esa obra.

 

El segundo argumento es que además de los aspectos de ingeniería se debe considerar también el contexto urbano, histórico y social del área, la movilidad no motorizada, así como impacto visual y ambiental.

 

Al parecer no es una necedad de los inconformes, sus razones tienen sustento, pero lo que no tiene sustento es que intenten desvalorizar o minimizar el uso del automóvil y las vías urbanas de primer mundo solo porque Oaxaca es una ciudad histórica.

 

La razón es simple, cuando Ulises deterioró el zócalo con su ilegal y corrupta ocurrencia de la remodelación, como el centro y sus alrededores tienen una imagen que constituye la cara histórica de la ciudad, fue una grave afectación al patrimonio histórico, pero el crucero de 5 señores, por donde se le vea, de histórico no tiene nada, más bien es la representación del suburbio provinciano que ni tiene una imagen de pueblo ni acaba de parecer una verdadera vía vehicular o zona de una ciudad. Se perece más a una zona caótica de una colonia del Estado de México, es la clásica vialidad de una ciudad perdida.

 

Uno de los reclamos de los inconformes es que ellos podrían hacer más estética y armoniosa con la naturaleza esa obra, adecuándola a un concepto de ciudad de Oaxaca, y eso suena muy bien, sin duda, pero de ahí a que sea innecesaria y solo aumentaría el caos vehicular pues no; el argumento es tan provincianamente incorrecto como el mismo crucero en cuestión.

 

El gobierno debe escucharlos, es un hecho indiscutible, es cierto, una visión artística y ecologista para darle una imagen a la ciudad es mejor que una visión de unos funcionarios que solo saben de trazar y parchar calles sin ton ni son.

 

Según el secretario de las Infraestructuras, Netzahualcóyotl Salvatierra López, explicó que la edificación del distribuidor vial estará a cargo de la Compañía Constructora del Sureste SA de CV, y se terminará en un plazo de ocho meses.

 

Destacó que el diseño de la estructura se elaboró a partir de estudios técnicos, geológicos y de ingeniería de tránsito, en un proyecto conceptual global donde se tomó en cuenta el tránsito de vehículos locales y foráneos, así como de largo itinerario. Es decir, no hubo esos estudios que consideran los inconformes.

 

El gobierno no debe por ningún motivo cancelar la obra, pero debe de incorporar las ideas más convenientes de los que protestan, pues es cierto, en Oaxaca hay gente capaz de diseñar urbes armónicas con el medio ambiente. Según el pintor, las universidades y colegios de arquitectura y de urbanismo estarían dispuestos a participar con especialistas en la planeación integral de la ciudad, eso es bueno.

 

Otro punto que plantean los inconformes es que también la “sociedad se hartó de las reiteradas acciones unilaterales emprendidas por los gobiernos de José Murat y Ulises Ruiz Ortiz, quienes no respetaban a las autoridades municipales y por consiguiente al pueblo oaxaqueño, y ahora esperan que el gobierno aliancista –PAN-PRD-PT-Convergencia– se conduzca con estricto apego al marco legal” y escuche a los ciudadanos antes de actuar.

 

Según ellos, no se trata de oponerse a la obra en sí; se trata del rescate de las instituciones respetando el marco del estado de derecho, respetando la jurisdicción del municipio y restaurando la confianza de los ciudadanos en las instituciones.

 

Si el fondo de la inconformidad es todo ello, el gobierno debe de escucharlos. Si se trata de crear ciudades armónicas con la naturaleza, vialidades que permitan el paso de bicicletas y caminar a pie, si esteticamente significa bienestar también, entonces el gobierno debe escucharlos.

 

Si los inconformes son los clásicos románticos que sueñan con construir una ciudad idealista de puros arbolitos sin el uso del auto por que representa la barbarie civilizada que destruye el planeta, entonces no hay razón para detener, ni un segundo, la obra.

 

Es urgente que el mundo tome medidas para contrarrestar el deterioro del medio ambiente, pero impedir que la urbe crezca por razones de tipo moral no cabe en una protesta seria. Si llegáramos al absurdo de reivindicar al ser humano por sus obras dañinas a la misma humanidad, tendríamos entonces que empezar el derribo de cientos de edificios coloniales en todo el país, pues representan la esclavitud y la muerte de los indios mexicanos que fueron sometidos al trabajo forzado en la edificación de esos monumentos que ahora, la barbarie civilizada, y los artistas defensores de ellos, llama patrimonio histórico y cultural de la humanidad…

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